lunes, 11 de mayo de 2026

10 K de Manzanares, mayo del 2026

 Dos semanas después de la carrera de El Romeral, llega el 10 K de Manzanares. Tuve tiempo de sobra para recuperar, volver a entrenar y preparar esta bonita carrera del circuito de Ciudad Real. Estoy en un buen pico de forma y llegado el sábado 9, había dos opciones: aprovecharlo y tratar de hacer buena marca, o acompañar a algún conocido a un ritmo alegre, pero no exigente. Ese fue mi debate interno hasta poco antes de dar la salida...

Esta vez fui acompañado de un buen grupo de laguneros desde Villafranca: Resu, su hijo Rubén, Elena, Teo, Isidro y Floren. Desde Alcázar venía Javi con su familia.

Salimos con tiempo suficiente y con la vista al cielo todo el camino. Llueve. Yo les iba diciendo todo el rato que a las 7 de la tarde (hora de la salida) saldría el sol e íbamos a pasar calor. Al llegar a Manzanares llovía todavía más. Aparcamos en el primer hueco que vimos y nos fuimos derechitos a por el dorsal. Seguía lloviendo. La bolsa del corredor es estupenda: camiseta guapa, botella de vino, cuña de queso, entre otras cosas.


 Tuvimos que poner el dorsal en la camiseta resguardados por el portón del coche de Floren, porque seguía lloviendo... A la que nos descuidamos, falta menos de media hora para el inicio de la prueba. A mi me entran las prisas por calentar y por hacer un pis. Salgo al trote, sin hacer ningún ejercicio de movilidad, y enseguida me acelero. Llueve algo más y no llevo calor, precisamente. Cuando estoy bien alejado del coche me doy cuenta de que se me ha olvidado poner el chip del cronometraje en la zapatilla. Menudo susto, arranco casi al sprint, me cruzo con Resu, que va a llevar a Rubén a la ludoteca y me dice, menos mal, que Isidro y Floren siguen en el coche. Me coloco el chip y estos que no arrancan, que se está muy calentito ahí sentados... y afuera sigue lloviendo.


 Siete menos diez, me voy para la salida. Hay gente por todos lados, unos calentando bajo la lluvia, otros resguardándose en portales, aparcamientos techados, o en una gasolinera cercana. Ahí me encuentro a varios amigos, entre ellos José Torresano y su hermano. Charlamos un momento y aparecen el resto de laguneros. José me pregunta por el ritmo previsto y yo, muy precavido, tiro por lo bajo, entre 4'10'' y 4'15'' le digo. Me contesta que a ese ritmo igual me aguanta, así que, de nuevo, tendré una compañía de primera división. Evidentemente, a estas alturas, los dos sabemos que vamos a ir más rápido de lo previsto, no vamos a engañar a nadie...

Faltan 5 minutos, parece que llueve menos, salimos todos hacia el arco de meta y poco a poco, nos colocamos todos los valientes participantes. Justo delante de nosotros hay dos chicas jóvenes. Una de ellas se da la vuelta, me mira (era mucho más bajita que yo) y me pregunta: oye ¿a qué ritmo vas a ir?. Le digo que a 4'10'' y se queda mirando a su compañera. De primeras pensé, se van a venir con nosotros, pero me vuelve a mirar y me dice: aparta que me pongo detrás, que nosotras vamos más lentas. Excelente, ojalá que todos supiéramos o, al menos, intentáramos ponernos en la salida en el lugar que nos corresponde.

Deja de llover, sale el sol y salimos todos disparados. Mira que he hecho carreras, pues no recuerdo ninguna en la que la salida haya sido tan bien ordenada y con tan poca gente delante a ritmo lento o detrás, adelantando a codazo limpio. En cuanto calculo que llevo la velocidad correcta, echo un vistazo al Suunto. Voy algo más deprisa de la cuenta. No importa, aflojo un pelín, no hemos hecho nada más que empezar, no hemos quemado ni un cartucho. Segundo vistazo a los pocos metros, voy algo lento. Vaya, ahora resulta que no voy a saber controlar el ritmo!! Antes de poder echar un tercer vistazo me alcanza José. Leche!, me dice, había mucha gente haciendo tapón, no podía pillarte... en fin, estábamos uno al lado del otro en la salida y se ve que yo cogí el carril bueno jajaja.

No pasa ni un minuto desde que vamos juntos cuando nos ponemos a charlar. Me cuenta que ha tenido un pequeño bache familiar, que se ha estado preparando para el maratón de Zaragoza, pero que por lesión, no pudo correrlo, aunque le ha quedado un buen pico de forma por la preparación. Yo he olvidado el cronómetro, embelesado con la conversación.

En un momento dado, pienso "qué lejos está el primer kilómetro, no he escuchado todavía el pitido del reloj, ni he visto la marca de la organización", cuando, tras girar una esquina, veo un pequeño cartel con un 2 impreso. En un segundo, paso de pensar que se me iba a hacer larga la carrera a darme cuenta de que va a ser justo lo contrario. Vamos charlando y adelantando corredores todo el rato.

Las calles de Manzanares están mojadas, no hay demasiados charcos, pero yo voy empapado. Por suerte, no llevo sensación de llevar los pies mojados, sería catastrófico. Además de agua, hay público animando en todo el recorrido, es increíble, yo que pensaba que, a causa de la lluvia, la gente se quedaría en su casa. Pues todo lo contrario, ¡olé por la gente de Manzanares!

Pasamos por un parque y le digo a José que, si no recuerdo mal, antes era de grava, pero ahora está solado con baldosas que, por suerte, no se escurren nada.

Llegamos al tercer kilómetro, miro el crono. Pasamos en poco más de 12 minutos. El reloj me da la señal algo después de pasar los carteles de la organización. En esta calle pasamos del solado y asfalto al adoquín. Enseguida me noto muy inseguro. No me escurro, la suela de las zapatillas agarra perfectamente, pero voy muy inestable. Le pido a José que se suba a la acera y enseguida me subo yo también. Duramos poco, hay público y pivotes, además de más charcos, tenemos que volver al adoquín. Pasamos el cuarto kilómetro, pero ni veo el cartel ni escucho el pitido del reloj. 


 

En un giro a derechas, poco antes de llegar al segundo avituallamiento, siento un pinchazo en el aductor. Enseguida me doy cuenta de que no voy a hacer la marca que ya estaba visualizando en mi interior (poco más de 40 minutos). Aviso a José, le digo que siga sin mi y aflojo el ritmo. En el siguiente giro vuelvo a notar otro pinchazo. Esta vez es más leve, pero indica claramente que no debo seguir corriendo. Paso el avituallamiento del km 5 y poco después abandono. Mi cara lo dice todo. Aunque refleja dolor, es más la rabia contenida de no poder hacer una buena carrera, que estaba consiguiendo, con sensaciones estupendas y a buen paso.




 Aquí encuentro al compañero Javi, me dice que la calle de meta queda justo al lado, pero ando un poco desorientado. De un vistazo rápido al reloj (pedazo de regalo, hermanito y familia), pongo el mapa y me busco el lado de la acera que da el sol para ir a entregar el dorsal.

Un montado de salchichón en una mano, en la otra una cerveza, y a esperar a mis compañeros en meta.


 Aquí habría estado yo si todo hubiese ido bien.





 El resto de laguneros cumple con su parte "sin despeinarse".

Como dato curioso, el reloj predijo por la mañana que correría a 4'06'' el 10 K. Pues los 5 km que completé fueron a esa velocidad exacta.

A día de hoy, lunes, ya he podido trotar unos kilómetros sin dolor, buena señal, aunque todavía habrá que ser prudentes. 

sábado, 2 de mayo de 2026

XIV Cross popular Patio de la Mancha, El Romeral 2026.

 Casi no llego, literalmente. 

Casi no llego a participar en esta carrera. Una semana antes, me encontraba con dolor de espalda y no daba un duro por mi. Por suerte, fue remitiendo poco a poco, hasta el punto de atreverme a correr en un circuito corto, pero con muchos desniveles, como es el de El Romeral.

Lo malo es que no pude entrenar las cuestas. Me hubiese gustado ir medianamente preparado, para no echar el hígado en las subidas, pero no pudo ser. El objetivo a corto plazo se centraba en una carrera que pensaba se iba a celebrar el 10 de mayo, en asfalto. También tiene desniveles, pero no tan empinados como en El Romeral. Finalmente, no habrá evento. En su defecto, ayer mismo me inscribí al 10 k de Manzanares, el próximo 9 por la tarde. Llana, con calor y mucha participación.

Volvamos a lo nuestro. Del Club Atletismo Las Lagunas de Villafranca, fui el único representante. No obstante, fui bien acompañado de mis buenos amigos, Eva, Fran y Luis (y sus correspondiente parejas, de palmeros).


 Llegamos con mucho tiempo de antelación, pudimos ver la salida y llegada de alguna carrera de niños. También me dio tiempo para saludar a varios conocidos, entre ellos Manolo y su mujer, matrimonio de Camuñas que participa en muchas de estas carreras, quienes me dijeron que también leen mis crónicas, ¡muchas gracias!.

Media hora antes del inicio, salimos a calentar. Hace muy buena temperatura y un poco de brisa, que ayudará a refrigerar motores. A los 15 minutos nos vamos a la salida, y Miguel Salas nos tiene preparado otro calentamiento especial con una profesora de zumba. Fue muy divertido y nos hizo sudar. He de reconocer que yo hacía los ejercicios a medias, no quería cansarme antes de empezar a correr...

Nos colocamos en la salida y antes de preparar el cronómetro,  empiezan la cuenta atrás ¡pero leche, dadme un segundo! nada, los primeros metros, mirando el reloj para ponerlo en marcha. Menos mal que somos pocos participantes y hay terreno de sobra, no nos estorbamos, le doy al "play" sin incidencias.

Hoy no voy a pasar datos de ritmo, en este circuito es poco determinante, cosa que algunos agradecerán, entre ellos, mis padres, para no liarse con tanto número. 

Empieza la primera subida. Como siempre, varios valientes me adelantan, entre ellos Fran. Yo soy prudente, subo calmado, conocedor del circuito y sabiendo lo que nos espera después.


 Entre los que me adelantan, se encuentra un corredor que, de primeras, me pareció mucho más joven que yo. Ya sabéis, soy muy competitivo y voy controlando a los que participan de mi categoría. Después, viendo las fotos, pude comprobar que era "de los míos".


 Primera bajada. Es una senda que solo permite ir en fila india. Seguimos con las posiciones en las que hemos coronado el molino. Poco antes de girar, para subir de nuevo, Fran, que va justo delante, me dice: esto no es normal, tú deberías ir en mi lugar y yo en el tuyo. Se echa a un lado y me deja pasar. Entre risas le digo que no pasa nada, que siga delante si quiere, que la próxima cuesta nos va a poner a cada uno donde debemos estar...

Coronamos la segunda subida y doy alcance, con relativa facilidad, al de mi categoría que me adelantó en el molino. Hago un cambio de ritmo fuerte nada más empezar a bajar y lo dejo atrás. También rebaso a los villacañeros Victoria, María Lucía y, por último, a Maxi.

En esta parte del camino se pueden ver a todos los que llevo por delante. Me pongo a contar: uno, dos, tres... y yo, el octavo. No está mal, en mi última participación aquí, quedé el noveno. Trato de poner un ritmo medianamente fuerte, pero que no me desgaste demasiado, ya que esto no hace más que empezar y le temo a la segunda subida más que a la primera. Vamos, que me pongo a correr "por sensaciones", pero con el objetivo de no perder mi octava posición de la general. Doy por hecho que voy el primero de 50 a 55 años.

La mayor parte del recorrido es terreno rural. No hay público animando. Sin embargo, en una pequeña bajada hay un fotógrafo. Alargo la zancada, sonrío y me digo a mí mismo: esta foto hay que buscarla luego... ahí está!!.


 

Giro hacia el pueblo, terreno llano. Voy mirando, cada dos por tres, hacia atrás controlando a mis perseguidores. Mantengo una buena distancia. Voy a acelerar un poco en la parte llana, para luego bajar el ritmo nada más comenzar a subir. Por delante van Salas y Miguel (el bombero), que anda un poco "tocado". Los llevo de referencia y voy perdiendo metros con ellos muy poco a poco.

Tocamos el poco asfalto de la carrera, subimos, bajo el ritmo. Otro fotógrafo:

En esta subida no veo a nadie, ni por delante, ni por detrás. Hace calor y agradezco el avituallamiento que me ofrece Carlos, el amigo de Tembleque que ha venido a echar una mano a Salas. Echo un par de tragos cortos y enseguida hay dos chavales que me piden que tire a sus pies la botella, cosa que hago de inmediato. Le hubiese dado otro trago gustoso, pero prefiero dejarla ahí, antes que cargarla todo el tiempo. Por supuesto, no se me pasa por la cabeza tirarla al suelo, en cualquier parte de recorrido. Subo cadencia, acorto el paso y procuro no mirar hacia arriba. Rosa y Manu están dando ánimos y graban otro video:


 

Esta vez, a pesar de mi prudencia, me cuesta muchísimo llegar arriba, tanto que casi me tengo que poner a andar... las piernas me arden y el corazón se me sale por la boca.

Aprovecho la ventaja que llevo a mis perseguidores para bajar con calma y recuperar el aliento y el pulso. La siguiente subida también la hago muy prudente y, esta vez, en lugar de acelerar bruscamente en la bajada, lo hago poco a poco. Soy capaz de gestionar mi esfuerzo, manteniendo una buena distancia con los que me siguen. En algún momento de la prueba me digo a mi mismo: "baja el ritmo, no te van a pillar", pero no lo hago, creo que, por respeto al resto, tengo que seguir esforzándome, sin llegar a darlo todo, pero echándole ganas. Delante siguen Salas y Miguel, me han sacado algún metro más, cosa que era de esperar. Entro al pueblo y finalizo la carrera, un minuto más lenta que hace dos años, pero con la misma satisfacción que entonces.


 Poco después llega Fran:

Le echo una mano a quitarse el dorsal (necesario para la clasificación) y por sus gestos, veo que no va a acompañarme a buscar a Eva, con la que habíamos quedado, para que se le hiciese más llevadero el final.

Salgo sin perder un minuto más y me cruzo con Luis llegando también a meta:


 

Otro que se lo pasó genial, se les ve en la cara...

Pronto localizo a Eva y me uno a ella. Le llevo una botella de agua, cosa que agradece, además de la compañía, y juntos terminamos lo que queda de carrera. Al final se nos unen Fran y Luis. 

En una demostración de valor, nos esprinta llegando a meta, con un grito de guerra (que no voy a poner, para no quitarle la patente jajaja):


A continuación se celebra una divertida carrera de relevos, en la que Eva también participa. Los demás nos quedamos a animar. 

De los cuatro que hemos venido, tres somos ganadores en nuestra categoría. Además, Eva hace tercera en relevos.

La entrega de trofeos se hace en el pabellón municipal, donde también nos han preparado una merienda para recargar las pilas. Los que no conducimos, aprovechamos para tomar un vasito (o dos) de zurra.





 A día de hoy, con la espalda mucho mejor, pero no del todo recuperada, sigo sumando kilómetros, preparando las carreras de verano en las que tanto me gusta participar.