Dos semanas después de la carrera de El Romeral, llega el 10 K de Manzanares. Tuve tiempo de sobra para recuperar, volver a entrenar y preparar esta bonita carrera del circuito de Ciudad Real. Estoy en un buen pico de forma y llegado el sábado 9, había dos opciones: aprovecharlo y tratar de hacer buena marca, o acompañar a algún conocido a un ritmo alegre, pero no exigente. Ese fue mi debate interno hasta poco antes de dar la salida...
Esta vez fui acompañado de un buen grupo de laguneros desde Villafranca: Resu, su hijo Rubén, Elena, Teo, Isidro y Floren. Desde Alcázar venía Javi con su familia.
Salimos con tiempo suficiente y con la vista al cielo todo el camino. Llueve. Yo les iba diciendo todo el rato que a las 7 de la tarde (hora de la salida) saldría el sol e íbamos a pasar calor. Al llegar a Manzanares llovía todavía más. Aparcamos en el primer hueco que vimos y nos fuimos derechitos a por el dorsal. Seguía lloviendo. La bolsa del corredor es estupenda: camiseta guapa, botella de vino, cuña de queso, entre otras cosas.
Tuvimos que poner el dorsal en la camiseta resguardados por el portón del coche de Floren, porque seguía lloviendo... A la que nos descuidamos, falta menos de media hora para el inicio de la prueba. A mi me entran las prisas por calentar y por hacer un pis. Salgo al trote, sin hacer ningún ejercicio de movilidad, y enseguida me acelero. Llueve algo más y no llevo calor, precisamente. Cuando estoy bien alejado del coche me doy cuenta de que se me ha olvidado poner el chip del cronometraje en la zapatilla. Menudo susto, arranco casi al sprint, me cruzo con Resu, que va a llevar a Rubén a la ludoteca y me dice, menos mal, que Isidro y Floren siguen en el coche. Me coloco el chip y estos que no arrancan, que se está muy calentito ahí sentados... y afuera sigue lloviendo.
Siete menos diez, me voy para la salida. Hay gente por todos lados, unos calentando bajo la lluvia, otros resguardándose en portales, aparcamientos techados, o en una gasolinera cercana. Ahí me encuentro a varios amigos, entre ellos José Torresano y su hermano. Charlamos un momento y aparecen el resto de laguneros. José me pregunta por el ritmo previsto y yo, muy precavido, tiro por lo bajo, entre 4'10'' y 4'15'' le digo. Me contesta que a ese ritmo igual me aguanta, así que, de nuevo, tendré una compañía de primera división. Evidentemente, a estas alturas, los dos sabemos que vamos a ir más rápido de lo previsto, no vamos a engañar a nadie...
Faltan 5 minutos, parece que llueve menos, salimos todos hacia el arco de meta y poco a poco, nos colocamos todos los valientes participantes. Justo delante de nosotros hay dos chicas jóvenes. Una de ellas se da la vuelta, me mira (era mucho más bajita que yo) y me pregunta: oye ¿a qué ritmo vas a ir?. Le digo que a 4'10'' y se queda mirando a su compañera. De primeras pensé, se van a venir con nosotros, pero me vuelve a mirar y me dice: aparta que me pongo detrás, que nosotras vamos más lentas. Excelente, ojalá que todos supiéramos o, al menos, intentáramos ponernos en la salida en el lugar que nos corresponde.
Deja de llover, sale el sol y salimos todos disparados. Mira que he hecho carreras, pues no recuerdo ninguna en la que la salida haya sido tan bien ordenada y con tan poca gente delante a ritmo lento o detrás, adelantando a codazo limpio. En cuanto calculo que llevo la velocidad correcta, echo un vistazo al Suunto. Voy algo más deprisa de la cuenta. No importa, aflojo un pelín, no hemos hecho nada más que empezar, no hemos quemado ni un cartucho. Segundo vistazo a los pocos metros, voy algo lento. Vaya, ahora resulta que no voy a saber controlar el ritmo!! Antes de poder echar un tercer vistazo me alcanza José. Leche!, me dice, había mucha gente haciendo tapón, no podía pillarte... en fin, estábamos uno al lado del otro en la salida y se ve que yo cogí el carril bueno jajaja.
No pasa ni un minuto desde que vamos juntos cuando nos ponemos a charlar. Me cuenta que ha tenido un pequeño bache familiar, que se ha estado preparando para el maratón de Zaragoza, pero que por lesión, no pudo correrlo, aunque le ha quedado un buen pico de forma por la preparación. Yo he olvidado el cronómetro, embelesado con la conversación.
En un momento dado, pienso "qué lejos está el primer kilómetro, no he escuchado todavía el pitido del reloj, ni he visto la marca de la organización", cuando, tras girar una esquina, veo un pequeño cartel con un 2 impreso. En un segundo, paso de pensar que se me iba a hacer larga la carrera a darme cuenta de que va a ser justo lo contrario. Vamos charlando y adelantando corredores todo el rato.
Las calles de Manzanares están mojadas, no hay demasiados charcos, pero yo voy empapado. Por suerte, no llevo sensación de llevar los pies mojados, sería catastrófico. Además de agua, hay público animando en todo el recorrido, es increíble, yo que pensaba que, a causa de la lluvia, la gente se quedaría en su casa. Pues todo lo contrario, ¡olé por la gente de Manzanares!
Pasamos por un parque y le digo a José que, si no recuerdo mal, antes era de grava, pero ahora está solado con baldosas que, por suerte, no se escurren nada.
Llegamos al tercer kilómetro, miro el crono. Pasamos en poco más de 12 minutos. El reloj me da la señal algo después de pasar los carteles de la organización. En esta calle pasamos del solado y asfalto al adoquín. Enseguida me noto muy inseguro. No me escurro, la suela de las zapatillas agarra perfectamente, pero voy muy inestable. Le pido a José que se suba a la acera y enseguida me subo yo también. Duramos poco, hay público y pivotes, además de más charcos, tenemos que volver al adoquín. Pasamos el cuarto kilómetro, pero ni veo el cartel ni escucho el pitido del reloj.
En un giro a derechas, poco antes de llegar al segundo avituallamiento, siento un pinchazo en el aductor. Enseguida me doy cuenta de que no voy a hacer la marca que ya estaba visualizando en mi interior (poco más de 40 minutos). Aviso a José, le digo que siga sin mi y aflojo el ritmo. En el siguiente giro vuelvo a notar otro pinchazo. Esta vez es más leve, pero indica claramente que no debo seguir corriendo. Paso el avituallamiento del km 5 y poco después abandono. Mi cara lo dice todo. Aunque refleja dolor, es más la rabia contenida de no poder hacer una buena carrera, que estaba consiguiendo, con sensaciones estupendas y a buen paso.
Aquí encuentro al compañero Javi, me dice que la calle de meta queda justo al lado, pero ando un poco desorientado. De un vistazo rápido al reloj (pedazo de regalo, hermanito y familia), pongo el mapa y me busco el lado de la acera que da el sol para ir a entregar el dorsal.
Un montado de salchichón en una mano, en la otra una cerveza, y a esperar a mis compañeros en meta.
Aquí habría estado yo si todo hubiese ido bien.
El resto de laguneros cumple con su parte "sin despeinarse".
Como dato curioso, el reloj predijo por la mañana que correría a 4'06'' el 10 K. Pues los 5 km que completé fueron a esa velocidad exacta.
A día de hoy, lunes, ya he podido trotar unos kilómetros sin dolor, buena señal, aunque todavía habrá que ser prudentes.


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