martes, 15 de septiembre de 2026

II Marajamuz, Palacios de Jamuz (León) 13 de septiembre de 2026

 Pocas cosas te llevarán a esta pequeña localidad leonesa, situada cerca de La Bañeza. De momento, allí no hay ni un bar en el que tomar café. Pero si haces como yo, inscribirte a su particular carrera, acabarás con un buen sabor de boca y con ganas de repetir.

El pasado 13 de septiembre se celebró la segunda edición de la MARAJAMUZ. Son dos pruebas en una, distancia de maratón, que comienza a las 8:30 y un 10 K, que lo hace a las 10:30. El recorrido es casi en su totalidad por caminos, exceptuando un tramo de casi un kilómetro, que se hace por carretera asfaltada. Hay una subida al inicio, que nos lleva de los 833 m de altitud, a los 889. El tramo más empinado va del kilómetro 0'75 hasta el 1'25 aproximadamente. Cuando uno entrena en La Mancha, todo llano, aquello es "matador". El resto, exceptuando la bajada final, es más planito, pero no tanto, ahora os cuento.

Aprovechando que me encontraba de vacaciones por León, decidí (animado por Marisa y Ali) inscribirme al 10 K. La verdad es que estaba acusando el cansancio de la carrera del pueblo y luego Madridejos, pero cuando uno tiene un vicio, es difícil  mirar hacia otro lado y dejarlo pasar.

Se pusieron algunas cosas en contra: fatiga, mucha comida, dormir nada más que regular... pero nada de eso importa, si lo que uno pretende es pasarlo bien corriendo. Y hasta allí nos fuimos Marisa y yo. Ella se ha resfriado y le duele la garganta, dice que se quedará en el coche a esperarme. Pero antes me hace la foto de rigor en la salida-meta.

Después de recoger la bolsa del corredor (camiseta 42K, cuenco de barro, chocolate con almendras), salgo a la calle para calentar y echar un vistazo a la subida.

Por supuesto, antes había visualizado el circuito con el móvil, pero ahora tocaba hacerlo sobre el terreno, para ponerle cara a la inclinación que en internet no se ve. Mientras me cambio de zapatillas, observo a algunos de los corredores que pasan por allí. Se ven "buenos galgos", al menos en apariencia, así que empiezo a pensar que tengo pocas posibilidades de pillar podio en mi categoría (mayores de 50 años). Mejor por un lado, pienso, así nos vamos pronto, para que no se canse en exceso mi acompañante.

Pongo el gps en marcha (me gusta contar hasta los metros que corro calentando) y tiro en dirección al circuito de la prueba. La intención es ir hasta lo más alto, si no está demasiado lejos, claro. El camino no está en muy buenas condiciones, visto por un "asfaltero", pero perfectamente corrible. Empiezo a subir y el pulso se dispara enseguida. Mal vamos, si esto sale así, calentando, no me quiero ni imaginar como iré en carrera. Llego casi hasta arriba del todo y me doy la vuelta. No tengo sensación de cansancio, pero he visto más de 140 pulsaciones y eso no me gusta.

Llego a tiempo para darle un beso a Marisa y ponerme en la línea de salida. Mientras esperamos, echo de nuevo un vistazo al pulso, y no baja de 100 en ningún momento... esto va a ser un desastre.


 

Y ahí estamos todos. Si, efectivamente 17 participantes, 9 mujeres y 8 hombres. Había algo más de 20 inscritos, pero fallaron algunos. Se me olvidó decir que es una carrera casi casi entre amigos, pero está abierto a cualquiera que quiera ir, anunciada en redes sociales y con plataforma de inscripción de una página especializada.
Seguimos. Yo, todavía pensando que sería el cuarto veterano, de los 5 que corríamos.
Nos colocamos en la línea, yo al lado derecho, dos leoneses al izquierdo, un hueco en el centro y el resto, detrás.
Cuenta atrás y comienza la II Marajamuz.
Salgo en cabeza y enseguida pienso "mal vamos". Unos metros después, cuando creo que el gps marca bien la velocidad, le echo un ojo y veo que no voy tan rápido. Sigo avanzando el primero, nadie me adelanta. "Esto es un espejismo" pienso. Justo entonces, uno de los leoneses se pone a mi izquierda. Pero no me adelanta. Vamos ocupando lo ancho del camino, así, si viene alguien más fuerte, tendrá que pedir paso. Afino el oído, creo escuchar pisadas y respiraciones jadeantes, pero no miro hacia atrás.
Unos 100 metros antes de terminar la subida más empinada, el corredor que va a mi lado avanza un poco más rápido. Yo me pongo enseguida detrás, para facilitar el paso de algún posible perseguidor. Francamente, fui mucho tiempo pensando que, en cualquier momento, me adelantarían dos o tres corredores con facilidad y me dejarían atrás, sin opción a seguirles.
Terminamos la subida. No miro el reloj, no quiero ver ritmo ni pulso. Llevamos poco más de un kilómetro de carrera y tengo la sensación de haber controlado perfectamente, sin gastar de más en la parte más difícil. Cuando el camino se pone más horizontal, me vuelvo a poner al lado del otro corredor, en cabeza.  Entonces escucho su respiración. No suena muy bien. ¿Y si acelero un poco? Venga, va. Doy un apretón y lo rebaso.

 Sigo sin mirar hacia atrás, esperando al corredor, o grupo de corredores que, habiendo dosificado mejor que yo la subida, me pasarán por encima como un tren. Pero de momento, voy a seguir disfrutando de mi privilegiado primer puesto de la general (que bien suena, eh?). Me acerco al tramo asfaltado. Me veo muy bien de fuerzas y de pulmones. Echo un primer vistazo al reloj: 4'19'' marca de ritmo. Bien, buen control.
Hay que destacar que los organizadores se han currado bien el recorrido, estando todo perfectamente señalizado, con flechas en cada cruce y conos en la carretera.
En cuanto piso el asfalto, vuelvo a acelerar. Me alegro un montón de haber elegido bien las zapatillas, tienen buena tracción en caminos y placa de carbono (Puma Deviate Nitro 3), aunque son un poco pesadas y algo duras al tacto, creo que ya he comentado algo sobre ellas en otras entradas. Me pongo un rato a 4'15'', casi hasta el final de la carretera. Nadie me adelanta. No escucho pisadas ni respiraciones ¿que pasa aquí?
 
 Se que mirar hacia atrás es signo de miedo o cansancio, pero ya no aguanto más la incertidumbre y echo un vistazo antes de volver al camino de tierra. Vaya, el segundo y tercero van a unos 30 segundos por detrás de mi (o quizá algo más).

 Después de ese vistazo, mi cara empieza a ser reflejo de lo que estoy viviendo:

 
 En el giro hacia el camino está el primer avituallamiento. Cojo una botella de agua, le doy dos sorbos y la tiro a un cubo que había preparado la organización. Trato de mantener el ritmo, pero, a pesar del buen agarre de las zapatillas, voy algo más lento y, de paso, dejando más fuerzas de lo debido. Consigo mantener los 4'19'' durante el tramo que va del avituallamiento, pk 3'6 al pk 6'6. En ese falso llano adelanto a dos participantes del maratón, que van alternando correr con andar. Ellos deben dar 5 vueltas al circuito, si pasar por la subida y la bajada más pronunciadas, nada más que una vez.
El paisaje que hay en la zona es desolador. Los pocos árboles que se ven, están quemados, debido a los incendios que hubo por allí el año pasado. Empiezo a tener mucho calor, me fijo en el pulso que llevo, echo un nuevo vistazo hacia atrás (he aumentado mi ventaja) e intento bajar el ritmo, necesito un trago de agua urgentemente.
Giramos en el 6'6 y cambiamos a un camino sin piedras. Me da mucha alegría verlo, ahí iré más cómodo, seguro. Pero nada más lejos de la realidad. A pesar de que a mi me parece todo llano, el camino se ha puesto hacia arriba y la sensación ahora es que las zapatillas me pesan muchísimo. Tengo que poner una marcha más lenta, si quiero llegar a meta, me acabo de llevar un buen bofetón de fatiga.
Recuerdo que, antes de empezar, me dijeron que el segundo avituallamiento está sobre el pk 8'5, pero yo no veo nada, ni cerca, ni lejos. Pero no he venido hasta aquí para hundirme a la primera, si no a dar mi mejor versión.
Vuelvo a buscar a mis perseguidores, empezando a temer que ahora si que me van a alcanzar, al haberme tenido que frenar. Solo veo puntitos de colores (no son efectos de la deshidratación, son sus camisetas ... a lo lejos).
Cuando el camino vuelve a tener alguna piedra, me da hasta alegría, pensando que la mini-subida está terminando. Volvemos a girar a izquierdas y, ahora si, a lo lejos, veo el puesto de avituallamiento. Una voluntaria me grita si necesito algo. Le hago un gesto con la mano, para que me de agua. Antes de llegar a ella, ya la ha cogido y me la está ofreciendo. Canta mi número de dorsal a sus compañeros y me indica que gire a derechas, que me queda algo menos de dos kilómetros para terminar. Voy muy muy justito de fuerzas, me paro un segundo para coger la botella y le pregunto si no hay cubo para tirarla cuando termine. Me dice que no me preocupe, que la tire al suelo, que se encargarán de cogerlo todo. Y así hago, un par de tragos y a la cuneta.
Vuelvo a mirar atrás, no veo a nadie. Comienza la bajada ... AY MADRE, QUE EMPINADO ESTÁ ESTO!!!
Lo dicho, visto por un manchego, cualquier tachuela es una enorme montaña, y ahora me toca bajar a mi, procurando no escurrirme y darme de bruces con el suelo. Voy andando varios tramos (puro miedo) y cuando me quiero dar cuenta, termina. Me ha bajado el pulso un montón, y empiezo a pensar en lo que le voy a decir a Marisa cuando vaya al coche a recogerla...
Últimos metros, no quepo en mí de la alegría, cruzo el puente, la meta y allí está mi Marisita, móvil en mano, inmortalizando el momento.

 


¡Que he ganado!, le digo, ella me sonríe ¡que he ganado la carrera! repito. Vuelve a sonreír y me dice, tan tranquila, "si ya lo sabía yo".

La marca ha sido discreta, poco más de 44 minutos. Como curiosidad, el ganador del maratón hizo una media por kilómetro, más rápida que la mía. 

Tengo que agradecer a los organizadores el excelente trato que nos han dado, su cercanía, su ofrecimiento para quedarnos a comer (me supo mal, de veras, marcharnos tan pronto). Ambos estábamos agotados, yo por correr, dando lo mejor de mí mismo, y Marisa por su resfriado.

Las clasificaciones, cuando estén disponibles, se publicarán en la página carrerasconencanto.com 

lunes, 7 de septiembre de 2026

XXXII Carrera popular de Madridejos, 6 de septiembre del 2026

 A pesar de tener tan reciente la carrera de Villafranca, con el cansancio acumulado que ello conlleva, me animé a inscribirme a esta prueba. El último empujón me lo dio Uti, mientras comíamos en las lagunas. Si va el maestro, yo me apunto.

En toda la semana solamente descansé un día, el resto corrí, lento y pocos kilómetros, pero corrí. Me veía bien recuperado, con fuerzas. Hasta el sábado anterior. Vaya día malo, me encontraba muy cansado, sin saber exactamente por qué. El domingo me levanté con la misma sensación. He ido a carreras en las que me encontraba muy bien de forma, y la sensación era la misma. Pero en Madridejos no era igual. La cabeza estaba de acuerdo con el cuerpo y si tienes dos obstáculos tan altos que sortear, mal pinta la cosa.

Llegamos con tiempo de recoger el dorsal y saludar a muchos amigos. Nos fuimos rápido a calentar. Y fue ahí cuando decidí acompañarlo en la prueba. Esto no quiere decir que el ritmo previsto fuese lento, modestamente hablando, ya que nuestra estrella veterana está muy fino, tan solo sería pocos segundos por km menor de lo que, en teoría, yo podría mantener. A pesar de su insistencia para que yo compitiese e intentase subir al podio, preferí su compañía. Él corría en veteranos C, de 56 años en adelante, y yo en veteranos B, de 46 hasta 56.

 

 Salida limpia, sin complicaciones. Nos adelantan bastantes en los primeros metros. La carrera transcurre por las calles de la localidad, todo asfaltado y algún adoquín de buena calidad, en un circuito al que hay que dar dos vueltas. Al principio, la Calle Arroyuelo Alto, pica suavemente hacia arriba. Mi compañero me ha advertido que en la segunda vuelta se nos puede atragantar, así que soy prudente y bajo el ritmo. Nada más llegar arriba y girar a izquierdas, busco a Uti. Va unos metros detrás. Continúa una pequeña bajada, me dejo llevar cómodo, pensando que me iba a recortar terreno con facilidad, pero antes de volver a girar para subir de nuevo (otra muy suave), hacia las calles Matías Pérez y Comisario, lo busco y veo que va algo más retrasado. A mi lado va un paisano, Jorge, categoría senior. Su intención es ir conmigo. Pero no yo estoy para darlo todo, como en el pueblo, y le digo que siga, que yo voy a esperar a Uti.

Me tomo con mucha calma la subida, y en la Calle Comisario me alcanza, justo en el momento de picar el primer kilómetro (4'20''). Ahora viene la parte más favorable del circuito, hasta la Calle los Arcos, nos vienen más de 1200 metros de terreno favorable. Aprovechamos para poner un poco más de alegría a las zapatillas, pasando el segundo km en 4'05''. Tras girar de nuevo hacia el centro del pueblo, viene la última subida suave del circuito. Bajamos un pelín el ritmo y llegamos a la zona adoquinada, km 3, en 4'08''. De nuevo volvemos a bajar hasta completar la primera vuelta en 13 minutos y 38 segundos. Avituallamiento, agua fría. No me gusta, me produce dolor de estómago mientras corro, así que doy apenas dos sorbos pequeños y me acerco al contenedor amarillo para tirar la botella.

Con buenas piernas todavía, afrontamos la segunda vuelta, aquí hemos conseguido unas fotos (del mismo autor del vídeo):




 El caso es que, subiendo, yo me encontraba bien. Giramos, bajamos y pasamos el cuarto km en 4'06''. Volvemos a la Calle Matías Pérez y tengo la terrible sensación de haberme quedado vacío. Si, en un momento vas bien, y unos segundos después ya no eres persona. Aprovecho la llegada de la zona de bajada para decirle a Uti si le parece bien que nos tomemos un respiro, aflojando un poco. Me ha visto quedarme un poco atrás y dice que por supuesto, nada que objetar.

Hasta ahora, había estado algo nublado, con calor, pero llevadero. Pero sale el sol y yo no busco la sombra, si no el interior de la calle. Fue un fallo, habría sufrido menos. Pasamos el quinto kilómetro en 4'03'', hemos aflojado poco me parece a mi.

Empezamos la última subida y adelantamos a cuatro corredores, Uti por un lado y yo por el otro. Enseguida, dos de ellos, se pegan a nosotros y vuelven a adelantarnos. Duran apenas unos segundos y vuelven a ceder sus puestos. Sexto kilómetro en 4'08''. Tenemos al alcance a la veterana Gema, del Manchego. Hemos estado hablando con ella y su marido antes de empezar, habiendo planificado un ritmo muy parecido al nuestro. En la posición que vamos, ya está todo el pescado vendido, yo no tengo opciones de podio y Uti, salvo sorpresa, va segundo. No vamos a adelantar a Gema, a pesar de que a los dos nos queda un último cartucho en la recámara. Aceleramos lo justo para llegar un segundo detrás suyo y paramos el cronómetro en 26 minutos y 54 segundos (en el gps nos sale menos distancia que la anunciada por la organización). La segunda vuelta ha sido 22 segundos más rápida que la primera, de manual.


 Toca ponernos ropa seca y compartir unas charlas con los demás participantes y algunos amigos espectadores. La organización tiene una barra con bebidas y aperitivos para todo aquel que se pasa por allí. Así se hace muy amena la espera, hasta la entrega de trofeos.


 
Enhorabuena Uti, ojalá sigas muchos más años manteniendo el buen nivel.

Hoy me he levantado con mejores sensaciones, más descansado. Correr otra prueba este domingo va a ser excesivo ... ¿o no? en unos días os lo cuento ;) 

martes, 1 de septiembre de 2026

XXVIII Carrera Popular Las Lagunas de Villafranca, agosto del 2026

 Hoy se me presenta la opción más fácil de escribir lo que sucedió el domingo 30 de agosto del 2026 en Villafranca. Sería algo tan corto como: he entrenado mucho, no me he lesionado y he conseguido el resultado esperado. Esta sería la versión para los que no les gusta leer, para el resto, habrá que esforzarse un poco más...

Como siempre suelo hacer, menciono mi anterior carrera y lo que ha pasado desde entonces. Fue en Manzanares, tuve que retirarme por unos pinchazos que me aparecieron en mitad de la prueba. Después de un par de días de descanso, volví enseguida a la carga, con prudencia, pero sin perder el tiempo. Hablamos de principios de mayo, más de tres meses por delante para preparar nuestra carrera.

He aprendido que, en este deporte, la paciencia es fundamental. Comencé a entrenar suave y he ido aumentando el volumen y la intensidad paulatinamente. Por suerte, ahora puedo entrenar más y mejor que antes, gracias a mi nuevo turno de trabajo. El verano me ha hecho madrugar o correr en la cinta del garaje (con un par de ventiladores a toda pastilla). No he perdido el tiempo.

Normalmente, también suelo ir a competir unas semanas antes, para "ir cogiendo chispa", que decimos los corredores, alguna nocturna, como la de Tembleque, o el 10 k de Fuente el Fresno. Pero entre el calor y que me coincidía algún día de trabajo, no hice ninguna. En su defecto, a finales de julio hice un 10 k por las lagunas, yo solito, con un resultado que me hizo sentir muy optimista de cara al objetivo previsto.

¿Empezamos? 

La carrera empieza unos días antes, con reuniones, preparativos, etc. El día anterior nos dimos una buena paliza haciendo las bolsas de los corredores, más de 1000 entre todas las categorías este año. El domingo madrugón, y a colocar todo antes de la prueba de andarines, que abre la jornada.

Este señor tan simpático, para el que no lo conozca, es mi hermano, el INDESTRUCTIBLE. Qué alegría me dio volver a compartir estos ratos el sábado y el domingo. A ver si el año que viene compartimos también la carrera. 

 



 

Con el tiempo algo ajustado, hice un pequeño calentamiento, no tanto como me hubiese gustado, pero, al fin y al cabo, resultó suficiente.

En la línea de salida busco colocarme algo más delante de la mitad del pelotón. Justo detrás de Luis, el villacañero, y delante de sus paisanos, Maxi, Lorenzo...

Muy puntuales, nos pone en marcha Ignacio. Hace una temperatura estupenda, nada de viento, pero no hay nubes, y el sol va a picar de lo lindo en las lagunas. Será otro factor a tener en cuenta.

Mi estrategia, para esta edición, es darlo todo. Había planeado hacer los tres primeros kilómetros más lentos que el resto de la carrera. Cuando uno se encuentra fuerte, hay que tener la sangre muy fría para conseguirlo, no dejarse llevar por el resto de corredores. También hay que saber mantener el ritmo en las piernas, o ir mirando el gps muy a menudo. Eso precisamente fue lo que iba comentando con el compañero que tuve el domingo, Juanan. Salimos los primeros metros por debajo de 4 minutos el km, aflojamos, nos ponemos casi a 4'30''... no hay manera, me decía entre risas.

Las primeras calles del circuito son más bien anchas, no hay apreturas, codazos, empujones. Después, la Calle El Pez, aunque es algo más estrecha, también permite adelantamientos con facilidad. Sin embargo, hasta que salimos al camino de las lagunas, no nos centramos en afinar el ritmo.

Los andarines ya vuelven al pueblo y muchos de ellos nos van dando ánimos. Se agradece enormemente este gesto, y más cuando te llaman por tu nombre. 

Aunque la idea principal es ir "a lo mío", no dejo de tomar referencias con otros corredores, sobre todo si se que son de mi categoría. Llevamos a unos 20 metros por delante a Luis, es lo normal, sale siempre más fuerte que yo. Lo he visto muy fino, aunque aseguraba haber entrenado poco este verano. También rebasamos a otro corredor local, esta vez mucho más joven, Javi. Le digo que como va tan detrás, con lo rápido que es. Me contesta que tampoco ha entrenado mucho, más bien lo que hace es bici. No me hace falta mirar hacia atrás para saber que se queda con nosotros, es un buen corredor, y buen estratega. Justo cuando vamos a empezar la mini subida hacia las lagunas, le digo a Juanan que voy a aflojar. Mantenemos el grupo, nadie nos adelanta.

Llegamos a San Isidro, tomamos aire en la pequeña bajada y cojo una botella de agua para compartir. Un par de tragos cada uno y al bidón. Ahora veo a Luis mucho más cerca. Yo voy muy entero, mirando de vez en cuando de reojo el ritmo. Acelero suavemente para ir comiendo terreno e intentar dejarlo atrás por la zona de baño. Nos cruzamos con los primeros corredores. Me da por intentar contar a los que parezcan más veteranos: uno, dos, tres, cuatro, cinco y luego Luis y yo, uf! hoy no pillo podio en la general ni de coña.

Entramos a la arena. Me pongo al lado de Luis y le digo en tono de broma: he contado a cinco sospechosos por delante, mal vamos. Pero él va muy justito para darme conversación, se limita a decirme que tire para delante. Lo paso y continúo la marcha. Dentro de la zona de baño damos alcance a otros dos corredores más jóvenes, pero no tenemos opción de pasarlos, ya que aceleran cuando notan nuestra presencia. Pues nada, seguimos así hasta que volvamos al asfalto. Vamos a echar una sonrisita, no sea que esté Pablo, el fotógrafo herenciano, por ahí escondido...

Antes de llegar a lo que conocemos como "el cerro" vemos a algunos corredores que se salen del circuito, por el lado izquierdo. Les gritamos, pero no nos escuchan. Van a hacer algunos metros de más (pocos, en realidad). Hay que aclarar, que toda la zona estaba bien señalizada, no entiendo el despiste.

Pasamos el aula de la naturaleza y salimos al asfalto. Mantenemos un ritmo muy bueno (lo previsto), adelantamos a los dos jóvenes de antes, pero no se dejan, vuelven a pasarnos enseguida. Ni juanan, ni yo, sospechamos nada, pero había truco con uno de ellos. Resulta que era local y nosotros no lo conocíamos, pero claro, él veía rotulado el nombre del club en nuestras camisetas, y no cedía.

Llegamos al segundo avituallamiento. Es Juanan el encargado de coger la botella esta vez. Me dice que bebamos una vez coronado San Isidro. Y justo arriba del todo, cuando a mi se me empezaba a salir el corazón por la boca, me pasa el agua. Un par de tragos y se la devuelvo. Espero a que beba él y empiezo a poner el ritmo cucero. Adelantamos a varios corredores. Esta vez no me he fijado si alguno de ellos es veterano, iba demasiado centrado en controlar mis fuerzas, pero como había contado tantos en las lagunas, descartaba toda opción a podio. Digamos que perdí el interés. No obstante, el objetivo de darlo todo, no cambia.

Poco antes de llegar de nuevo a la Calle El Pez, empiezo a notar la fatiga. Me entran las dudas. Por un segundo, mi cerebro me ordena decirle a Juanan que tire él, que yo no puedo más. Pero claro, debe ser una parte muy chiquitita de mi cabeza, porque enseguida me digo a mi mismo: anda, hermoso, acelera un poco y déjate de historias. Entramos en el último kilómetro, que será el más rápido de todos. He ido acelerando poco a poco y las piernas responden. Ni una sola vez he mirado hacia atrás, ni una sola he mirado el pulso (no quería sugestionarme de forma negativa).

Llegamos al colegio, y mientras hacemos la última curva, veo a Javi a mi lado. Me da mucha alegría encontrarlo a él (y no a otro más viejo, claro jajaja). Juanan también está ahí. A mi me queda un último cartucho y voy a gastarlo. Acelero con todo hacia meta. Unos metros antes, me adelanta Javi (luego bromeamos con el detalle). En el arco está esperando mi hermano, y al percatarme, como no, le hago un gesto que cualquiera entenderá.


 

Me hizo alguna más, aquí dejo las que más me gustan:


También, junto al arco, estaban mis padres. Que contento me puse al verlos!!


 

En cuanto tuve un minuto, me puse a ver las clasificaciones provisionales, 40 de la general, cuarto de mi categoría. Tengo más medallas de chocolate que canas, y mira que ya me han salido unas cuantas!!

Claro, en locales fui primero, ya que iba con la ventaja de ser el más jóvenes de los más viejos, no se si me explico...


 

Hoy me la voy a jugar, a ver si no me olvido de ninguno de los que saludé: Antonio Layos, Javier Torres, Javier Rivas, Gonzalo y su mujer, Alfonso (compañero de Urda), al grupo villacañero, Higinio, Rubén Monreal y sus padres, Jose Torresano, Javi Cicuéndez... uf, no doy para más, si falta alguno, que lo diga.

Nos vemos el domingo en Madridejos, creo que va a ser la primera vez que corro allí. 

lunes, 11 de mayo de 2026

10 K de Manzanares, mayo del 2026

 Dos semanas después de la carrera de El Romeral, llega el 10 K de Manzanares. Tuve tiempo de sobra para recuperar, volver a entrenar y preparar esta bonita carrera del circuito de Ciudad Real. Estoy en un buen pico de forma y llegado el sábado 9, había dos opciones: aprovecharlo y tratar de hacer buena marca, o acompañar a algún conocido a un ritmo alegre, pero no exigente. Ese fue mi debate interno hasta poco antes de dar la salida...

Esta vez fui acompañado de un buen grupo de laguneros desde Villafranca: Resu, su hijo Rubén, Elena, Teo, Isidro y Floren. Desde Alcázar venía Javi con su familia.

Salimos con tiempo suficiente y con la vista al cielo todo el camino. Llueve. Yo les iba diciendo todo el rato que a las 7 de la tarde (hora de la salida) saldría el sol e íbamos a pasar calor. Al llegar a Manzanares llovía todavía más. Aparcamos en el primer hueco que vimos y nos fuimos derechitos a por el dorsal. Seguía lloviendo. La bolsa del corredor es estupenda: camiseta guapa, botella de vino, cuña de queso, entre otras cosas.


 Tuvimos que poner el dorsal en la camiseta resguardados por el portón del coche de Floren, porque seguía lloviendo... A la que nos descuidamos, falta menos de media hora para el inicio de la prueba. A mi me entran las prisas por calentar y por hacer un pis. Salgo al trote, sin hacer ningún ejercicio de movilidad, y enseguida me acelero. Llueve algo más y no llevo calor, precisamente. Cuando estoy bien alejado del coche me doy cuenta de que se me ha olvidado poner el chip del cronometraje en la zapatilla. Menudo susto, arranco casi al sprint, me cruzo con Resu, que va a llevar a Rubén a la ludoteca y me dice, menos mal, que Isidro y Floren siguen en el coche. Me coloco el chip y estos que no arrancan, que se está muy calentito ahí sentados... y afuera sigue lloviendo.


 Siete menos diez, me voy para la salida. Hay gente por todos lados, unos calentando bajo la lluvia, otros resguardándose en portales, aparcamientos techados, o en una gasolinera cercana. Ahí me encuentro a varios amigos, entre ellos José Torresano y su hermano. Charlamos un momento y aparecen el resto de laguneros. José me pregunta por el ritmo previsto y yo, muy precavido, tiro por lo bajo, entre 4'10'' y 4'15'' le digo. Me contesta que a ese ritmo igual me aguanta, así que, de nuevo, tendré una compañía de primera división. Evidentemente, a estas alturas, los dos sabemos que vamos a ir más rápido de lo previsto, no vamos a engañar a nadie...

Faltan 5 minutos, parece que llueve menos, salimos todos hacia el arco de meta y poco a poco, nos colocamos todos los valientes participantes. Justo delante de nosotros hay dos chicas jóvenes. Una de ellas se da la vuelta, me mira (era mucho más bajita que yo) y me pregunta: oye ¿a qué ritmo vas a ir?. Le digo que a 4'10'' y se queda mirando a su compañera. De primeras pensé, se van a venir con nosotros, pero me vuelve a mirar y me dice: aparta que me pongo detrás, que nosotras vamos más lentas. Excelente, ojalá que todos supiéramos o, al menos, intentáramos ponernos en la salida en el lugar que nos corresponde.

Deja de llover, sale el sol y salimos todos disparados. Mira que he hecho carreras, pues no recuerdo ninguna en la que la salida haya sido tan bien ordenada y con tan poca gente delante a ritmo lento o detrás, adelantando a codazo limpio. En cuanto calculo que llevo la velocidad correcta, echo un vistazo al Suunto. Voy algo más deprisa de la cuenta. No importa, aflojo un pelín, no hemos hecho nada más que empezar, no hemos quemado ni un cartucho. Segundo vistazo a los pocos metros, voy algo lento. Vaya, ahora resulta que no voy a saber controlar el ritmo!! Antes de poder echar un tercer vistazo me alcanza José. Leche!, me dice, había mucha gente haciendo tapón, no podía pillarte... en fin, estábamos uno al lado del otro en la salida y se ve que yo cogí el carril bueno jajaja.

No pasa ni un minuto desde que vamos juntos cuando nos ponemos a charlar. Me cuenta que ha tenido un pequeño bache familiar, que se ha estado preparando para el maratón de Zaragoza, pero que por lesión, no pudo correrlo, aunque le ha quedado un buen pico de forma por la preparación. Yo he olvidado el cronómetro, embelesado con la conversación.

En un momento dado, pienso "qué lejos está el primer kilómetro, no he escuchado todavía el pitido del reloj, ni he visto la marca de la organización", cuando, tras girar una esquina, veo un pequeño cartel con un 2 impreso. En un segundo, paso de pensar que se me iba a hacer larga la carrera a darme cuenta de que va a ser justo lo contrario. Vamos charlando y adelantando corredores todo el rato.

Las calles de Manzanares están mojadas, no hay demasiados charcos, pero yo voy empapado. Por suerte, no llevo sensación de llevar los pies mojados, sería catastrófico. Además de agua, hay público animando en todo el recorrido, es increíble, yo que pensaba que, a causa de la lluvia, la gente se quedaría en su casa. Pues todo lo contrario, ¡olé por la gente de Manzanares!

Pasamos por un parque y le digo a José que, si no recuerdo mal, antes era de grava, pero ahora está solado con baldosas que, por suerte, no se escurren nada.

Llegamos al tercer kilómetro, miro el crono. Pasamos en poco más de 12 minutos. El reloj me da la señal algo después de pasar los carteles de la organización. En esta calle pasamos del solado y asfalto al adoquín. Enseguida me noto muy inseguro. No me escurro, la suela de las zapatillas agarra perfectamente, pero voy muy inestable. Le pido a José que se suba a la acera y enseguida me subo yo también. Duramos poco, hay público y pivotes, además de más charcos, tenemos que volver al adoquín. Pasamos el cuarto kilómetro, pero ni veo el cartel ni escucho el pitido del reloj. 


 

En un giro a derechas, poco antes de llegar al segundo avituallamiento, siento un pinchazo en el aductor. Enseguida me doy cuenta de que no voy a hacer la marca que ya estaba visualizando en mi interior (poco más de 40 minutos). Aviso a José, le digo que siga sin mi y aflojo el ritmo. En el siguiente giro vuelvo a notar otro pinchazo. Esta vez es más leve, pero indica claramente que no debo seguir corriendo. Paso el avituallamiento del km 5 y poco después abandono. Mi cara lo dice todo. Aunque refleja dolor, es más la rabia contenida de no poder hacer una buena carrera, que estaba consiguiendo, con sensaciones estupendas y a buen paso.




 Aquí encuentro al compañero Javi, me dice que la calle de meta queda justo al lado, pero ando un poco desorientado. De un vistazo rápido al reloj (pedazo de regalo, hermanito y familia), pongo el mapa y me busco el lado de la acera que da el sol para ir a entregar el dorsal.

Un montado de salchichón en una mano, en la otra una cerveza, y a esperar a mis compañeros en meta.


 Aquí habría estado yo si todo hubiese ido bien.





 El resto de laguneros cumple con su parte "sin despeinarse".

Como dato curioso, el reloj predijo por la mañana que correría a 4'06'' el 10 K. Pues los 5 km que completé fueron a esa velocidad exacta.

A día de hoy, lunes, ya he podido trotar unos kilómetros sin dolor, buena señal, aunque todavía habrá que ser prudentes. 

sábado, 2 de mayo de 2026

XIV Cross popular Patio de la Mancha, El Romeral 2026.

 Casi no llego, literalmente. 

Casi no llego a participar en esta carrera. Una semana antes, me encontraba con dolor de espalda y no daba un duro por mi. Por suerte, fue remitiendo poco a poco, hasta el punto de atreverme a correr en un circuito corto, pero con muchos desniveles, como es el de El Romeral.

Lo malo es que no pude entrenar las cuestas. Me hubiese gustado ir medianamente preparado, para no echar el hígado en las subidas, pero no pudo ser. El objetivo a corto plazo se centraba en una carrera que pensaba se iba a celebrar el 10 de mayo, en asfalto. También tiene desniveles, pero no tan empinados como en El Romeral. Finalmente, no habrá evento. En su defecto, ayer mismo me inscribí al 10 k de Manzanares, el próximo 9 por la tarde. Llana, con calor y mucha participación.

Volvamos a lo nuestro. Del Club Atletismo Las Lagunas de Villafranca, fui el único representante. No obstante, fui bien acompañado de mis buenos amigos, Eva, Fran y Luis (y sus correspondiente parejas, de palmeros).


 Llegamos con mucho tiempo de antelación, pudimos ver la salida y llegada de alguna carrera de niños. También me dio tiempo para saludar a varios conocidos, entre ellos Manolo y su mujer, matrimonio de Camuñas que participa en muchas de estas carreras, quienes me dijeron que también leen mis crónicas, ¡muchas gracias!.

Media hora antes del inicio, salimos a calentar. Hace muy buena temperatura y un poco de brisa, que ayudará a refrigerar motores. A los 15 minutos nos vamos a la salida, y Miguel Salas nos tiene preparado otro calentamiento especial con una profesora de zumba. Fue muy divertido y nos hizo sudar. He de reconocer que yo hacía los ejercicios a medias, no quería cansarme antes de empezar a correr...

Nos colocamos en la salida y antes de preparar el cronómetro,  empiezan la cuenta atrás ¡pero leche, dadme un segundo! nada, los primeros metros, mirando el reloj para ponerlo en marcha. Menos mal que somos pocos participantes y hay terreno de sobra, no nos estorbamos, le doy al "play" sin incidencias.

Hoy no voy a pasar datos de ritmo, en este circuito es poco determinante, cosa que algunos agradecerán, entre ellos, mis padres, para no liarse con tanto número. 

Empieza la primera subida. Como siempre, varios valientes me adelantan, entre ellos Fran. Yo soy prudente, subo calmado, conocedor del circuito y sabiendo lo que nos espera después.


 Entre los que me adelantan, se encuentra un corredor que, de primeras, me pareció mucho más joven que yo. Ya sabéis, soy muy competitivo y voy controlando a los que participan de mi categoría. Después, viendo las fotos, pude comprobar que era "de los míos".


 Primera bajada. Es una senda que solo permite ir en fila india. Seguimos con las posiciones en las que hemos coronado el molino. Poco antes de girar, para subir de nuevo, Fran, que va justo delante, me dice: esto no es normal, tú deberías ir en mi lugar y yo en el tuyo. Se echa a un lado y me deja pasar. Entre risas le digo que no pasa nada, que siga delante si quiere, que la próxima cuesta nos va a poner a cada uno donde debemos estar...

Coronamos la segunda subida y doy alcance, con relativa facilidad, al de mi categoría que me adelantó en el molino. Hago un cambio de ritmo fuerte nada más empezar a bajar y lo dejo atrás. También rebaso a los villacañeros Victoria, María Lucía y, por último, a Maxi.

En esta parte del camino se pueden ver a todos los que llevo por delante. Me pongo a contar: uno, dos, tres... y yo, el octavo. No está mal, en mi última participación aquí, quedé el noveno. Trato de poner un ritmo medianamente fuerte, pero que no me desgaste demasiado, ya que esto no hace más que empezar y le temo a la segunda subida más que a la primera. Vamos, que me pongo a correr "por sensaciones", pero con el objetivo de no perder mi octava posición de la general. Doy por hecho que voy el primero de 50 a 55 años.

La mayor parte del recorrido es terreno rural. No hay público animando. Sin embargo, en una pequeña bajada hay un fotógrafo. Alargo la zancada, sonrío y me digo a mí mismo: esta foto hay que buscarla luego... ahí está!!.


 

Giro hacia el pueblo, terreno llano. Voy mirando, cada dos por tres, hacia atrás controlando a mis perseguidores. Mantengo una buena distancia. Voy a acelerar un poco en la parte llana, para luego bajar el ritmo nada más comenzar a subir. Por delante van Salas y Miguel (el bombero), que anda un poco "tocado". Los llevo de referencia y voy perdiendo metros con ellos muy poco a poco.

Tocamos el poco asfalto de la carrera, subimos, bajo el ritmo. Otro fotógrafo:

En esta subida no veo a nadie, ni por delante, ni por detrás. Hace calor y agradezco el avituallamiento que me ofrece Carlos, el amigo de Tembleque que ha venido a echar una mano a Salas. Echo un par de tragos cortos y enseguida hay dos chavales que me piden que tire a sus pies la botella, cosa que hago de inmediato. Le hubiese dado otro trago gustoso, pero prefiero dejarla ahí, antes que cargarla todo el tiempo. Por supuesto, no se me pasa por la cabeza tirarla al suelo, en cualquier parte de recorrido. Subo cadencia, acorto el paso y procuro no mirar hacia arriba. Rosa y Manu están dando ánimos y graban otro video:


 

Esta vez, a pesar de mi prudencia, me cuesta muchísimo llegar arriba, tanto que casi me tengo que poner a andar... las piernas me arden y el corazón se me sale por la boca.

Aprovecho la ventaja que llevo a mis perseguidores para bajar con calma y recuperar el aliento y el pulso. La siguiente subida también la hago muy prudente y, esta vez, en lugar de acelerar bruscamente en la bajada, lo hago poco a poco. Soy capaz de gestionar mi esfuerzo, manteniendo una buena distancia con los que me siguen. En algún momento de la prueba me digo a mi mismo: "baja el ritmo, no te van a pillar", pero no lo hago, creo que, por respeto al resto, tengo que seguir esforzándome, sin llegar a darlo todo, pero echándole ganas. Delante siguen Salas y Miguel, me han sacado algún metro más, cosa que era de esperar. Entro al pueblo y finalizo la carrera, un minuto más lenta que hace dos años, pero con la misma satisfacción que entonces.


 Poco después llega Fran:

Le echo una mano a quitarse el dorsal (necesario para la clasificación) y por sus gestos, veo que no va a acompañarme a buscar a Eva, con la que habíamos quedado, para que se le hiciese más llevadero el final.

Salgo sin perder un minuto más y me cruzo con Luis llegando también a meta:


 

Otro que se lo pasó genial, se les ve en la cara...

Pronto localizo a Eva y me uno a ella. Le llevo una botella de agua, cosa que agradece, además de la compañía, y juntos terminamos lo que queda de carrera. Al final se nos unen Fran y Luis. 

En una demostración de valor, nos esprinta llegando a meta, con un grito de guerra (que no voy a poner, para no quitarle la patente jajaja):


A continuación se celebra una divertida carrera de relevos, en la que Eva también participa. Los demás nos quedamos a animar. 

De los cuatro que hemos venido, tres somos ganadores en nuestra categoría. Además, Eva hace tercera en relevos.

La entrega de trofeos se hace en el pabellón municipal, donde también nos han preparado una merienda para recargar las pilas. Los que no conducimos, aprovechamos para tomar un vasito (o dos) de zurra.





 A día de hoy, con la espalda mucho mejor, pero no del todo recuperada, sigo sumando kilómetros, preparando las carreras de verano en las que tanto me gusta participar.

miércoles, 18 de marzo de 2026

XVIII Carrera popular Capitán Duque, Valdemoro 2026.

 Bien recuperadas las piernas después de Valdepeñas, llegó la hora de comprobar el estado de forma en el que me encuentro, la carrera solidaria organizada por el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro, la décimo octava edición de La Capitán Duque. Cualquiera que conozca Valdemoro sabrá que no es, precisamente, el mejor sitio para ver lo "fino" que está uno, ya que el pueblo tiene alguna que otra cuestecilla (léase en tono irónico). Pero yo soy muy optimista, he entrenado bien, con buenas sensaciones, estos días pasados.

Había quedado con los compañeros Fran, Noelia y Eva (ésta última será la animadora oficial), también con Jésica, para, al menos, saludarnos y ponernos al día en un minuto. ¡Como voy a echar de menos Villacañas!


La última foto la hicimos al terminar.

Llegamos a una hora prudente, la experiencia me dice que aquí, si te descuidas, no te da tiempo a calentar, siempre se forma mucha cola a la hora de recoger el dorsal. El reloj corre a nuestro favor, todo va como la seda. Nos preparamos y media hora antes de empezar, me voy a calentar.

El día es casi perfecto para correr, fresquito y con poco viento. En lugar de llevar la camiseta de tirantes del C. A. las Lagunas de Villafranca, luciré una que me regalaron cuando me despedí de Villacañas. Va pues, la carrera, dedicada a mis compañeros.

Al minuto de arrancar el calentamiento veo que no va a ser mi día. El pulso está demasiado alto para el ritmo tan bajo que llevo. Mal asunto. La cabeza se pone en contra del cuerpo antes de empezar. Voy a trotar entre 10 y 15 minutos, para luego intentar relajarme hasta la salida.

Me coloco bastante adelantado, con Fran a mi lado. No dejo de mirar el pulso, mierd*, no baja nada.

Un Coronel del colegio saca un revólver, apunta al cielo (menos mal jajaja) y ¡a darlo todo!

Antes de salir de la pista de atletismo, veo a Fran a mi lado y le digo: que vamos a 4 minutos pelaos!! frena!!, se ríe y me dice: ya lo pagaré luego... (pienso, a mis adentros, que yo también pagaré ese inicio, así que aflojo y trato de ir algo más lento durante el primer kilómetro, que se hace enterito dentro del Colegio.


 Ahí estamos ambos, en primer plano ¡qué buen porte!

4'20" el km 1. Bueno, teniendo en cuenta las malas sensaciones que he tenido calentando, quizá sea lo mejor ir conservador al principio... (había previsto correr a 4'10" de media, pero va a ser que no).

Salimos del Colegio y la avenida por la que pasamos es ligeramente en subida. Se me viene a la cabeza que, si en Valdepeñas iba poco más lento que en ese momento, y hoy solo tendré que correr la mitad de los kilómetros, que leches, puedo acelerar! Mala decisión, lo sé.

En subida y todavía "fresco", marco el segundo km en 4'16''. Justo en ese punto se encuentra el compañero Rafael Santiago. He tenido el gusto de poder saludarlo antes de recoger el dorsal. Al ocupar el cargo que tiene, no le queda más remedio que trabajar hoy.

A unos 10 metros por delante llevo lo que parece un grupo de corredores locales. El que va marcando el ritmo parece que sabe bien lo que hace. Un esfuerzo extra, los alcanzo y decido ir con ellos mientras pueda. En circunstancias normales, en un kilómetro, o menos, los habría tratado de adelantar. Pero hoy no se dan las "circunstancias normales", voy muy justito de fuerzas, a pesar de haberme pegado a ellos. Si has participado alguna vez en una carrera popular, sabrás que, al igual que en un pelotón ciclista, el esfuerzo percibido corriendo en grupo parece ser menor que si vas en solitario. El domingo yo percibía todo el esfuerzo, sin atenuantes. Dejé de mirar el cronómetro, el pulso, para, tan solo, seguir corriendo por sensaciones.

Con los pequeños toboganes que tiene el recorrido, picamos el km 3 en 4'20'' y el km 4 en 4'08''.

Sobre el cuatro y medio vienen dos pequeñas cuestas, algo más empinadas que las demás, y es aquí donde empieza mi declive. El grupo se me escapa subiendo, intento alcanzarlos y recuperar bajando. Es imposible, no se pueden hacer las dos cosas a la vez, o tomo aire o sigo forzando para alcanzarlos.

Km 5 en 4'26''. Los datos los estoy sacando ahora de la aplicación del reloj, si llego a ver esos parciales, seguro que me vengo más abajo todavía.

Por fin llegan las buenas noticias: todo lo que sube, tiene que bajar. Nada más pasar la mitad de la prueba viene una larga bajada, que nos hace correr por el centro de Valdemoro. Hay mucho público en esta zona animando, muchos niños chocando las manos de los participantes. Consigo bajar el pulso, manteniendo un ritmo de 4'09'' en los km 6 y 7.

Curiosamente, hasta este punto, y aunque había corrido muy forzado al principio, los kilómetros se me han pasado bastante rápidos. Llegamos al final de la bajada, giro a izquierdas y a subir de nuevo.

Había recortado unos metros al grupo local, pero sin pretensiones. A no ser que pincharan ahora, me iba a ser imposible alcanzarlos de nuevo. Así que bajo la mirada y el ritmo, subo la cadencia, y trato de poner el cuerpo en un esfuerzo continuo capaz de soportar los tres mil metros restantes.

Ahora apenas se ve gente en la calle. Algunos Policías Locales van colando vehículos en los cruces, entre grupos de corredores. Incluso los dejan pasar en la misma calle y sentido de la carrera. De hecho, un turismo se me puso a escasos centímetros poco antes de llegar a otro cruce de calles. No tenía fuerzas ni para enfadarme...

A 4'29'' pasé el km 8... una pena jajaja

He perdido de vista al grupo, me cuesta, incluso, averiguar el recorrido de la carrera. Menos mal que hay repartidos voluntarios que van indicando, si no, me pierdo.

En el km 8 comienza la última bajada. Me atrevo a intentar acelerar un poco y completo el 9 en 4'15'', justo a la entrada al Colegio. Hay una batucada en la puerta y mucha gente en la calle, supongo que son acompañantes de los participantes, todos nos animan.

Una vez dentro, ajusto el ritmo para llegar vacío hasta meta. No voy a esprintar, no me juego nada hoy, solo trato de que el cronómetro ofrezca un resultado medio decente...

41'59'' oficiales. Muy satisfecho, después de haberlo pasado "tan mal". He llegado el 57 de la general, de aproximadamente 1300 participantes, es para estar contento.
Todavía sin haber recuperado el aliento, veo entrar en la pista a Fran. Lo primero que se me viene a la cabeza es que debería haberlo acompañado, de haber sabido que me seguía tan de cerca... ¡a la próxima compañero!

En cuanto llego al coche, lo primero que hago es pasar a mi hermano un vídeo con los datos de la carrera. Después, a dar novedades a Marisa y a mis padres. Siempre esperan esa llamada diciendo que he acabado bien y no me duele nada. Un beso a todos.

Después del esfuerzo había que celebrar el reencuentro villacañero, así que hubo parada a tomar una cervecita...¡que rica me estuvo!


 Moraleja: hay que entrenar más cuestas.