martes, 15 de septiembre de 2026

II Marajamuz, Palacios de Jamuz (León) 13 de septiembre de 2026

 Pocas cosas te llevarán a esta pequeña localidad leonesa, situada cerca de La Bañeza. De momento, allí no hay ni un bar en el que tomar café. Pero si haces como yo, inscribirte a su particular carrera, acabarás con un buen sabor de boca y con ganas de repetir.

El pasado 13 de septiembre se celebró la segunda edición de la MARAJAMUZ. Son dos pruebas en una, distancia de maratón, que comienza a las 8:30 y un 10 K, que lo hace a las 10:30. El recorrido es casi en su totalidad por caminos, exceptuando un tramo de casi un kilómetro, que se hace por carretera asfaltada. Hay una subida al inicio, que nos lleva de los 833 m de altitud, a los 889. El tramo más empinado va del kilómetro 0'75 hasta el 1'25 aproximadamente. Cuando uno entrena en La Mancha, todo llano, aquello es "matador". El resto, exceptuando la bajada final, es más planito, pero no tanto, ahora os cuento.

Aprovechando que me encontraba de vacaciones por León, decidí (animado por Marisa y Ali) inscribirme al 10 K. La verdad es que estaba acusando el cansancio de la carrera del pueblo y luego Madridejos, pero cuando uno tiene un vicio, es difícil  mirar hacia otro lado y dejarlo pasar.

Se pusieron algunas cosas en contra: fatiga, mucha comida, dormir nada más que regular... pero nada de eso importa, si lo que uno pretende es pasarlo bien corriendo. Y hasta allí nos fuimos Marisa y yo. Ella se ha resfriado y le duele la garganta, dice que se quedará en el coche a esperarme. Pero antes me hace la foto de rigor en la salida-meta.

Después de recoger la bolsa del corredor (camiseta 42K, cuenco de barro, chocolate con almendras), salgo a la calle para calentar y echar un vistazo a la subida.

Por supuesto, antes había visualizado el circuito con el móvil, pero ahora tocaba hacerlo sobre el terreno, para ponerle cara a la inclinación que en internet no se ve. Mientras me cambio de zapatillas, observo a algunos de los corredores que pasan por allí. Se ven "buenos galgos", al menos en apariencia, así que empiezo a pensar que tengo pocas posibilidades de pillar podio en mi categoría (mayores de 50 años). Mejor por un lado, pienso, así nos vamos pronto, para que no se canse en exceso mi acompañante.

Pongo el gps en marcha (me gusta contar hasta los metros que corro calentando) y tiro en dirección al circuito de la prueba. La intención es ir hasta lo más alto, si no está demasiado lejos, claro. El camino no está en muy buenas condiciones, visto por un "asfaltero", pero perfectamente corrible. Empiezo a subir y el pulso se dispara enseguida. Mal vamos, si esto sale así, calentando, no me quiero ni imaginar como iré en carrera. Llego casi hasta arriba del todo y me doy la vuelta. No tengo sensación de cansancio, pero he visto más de 140 pulsaciones y eso no me gusta.

Llego a tiempo para darle un beso a Marisa y ponerme en la línea de salida. Mientras esperamos, echo de nuevo un vistazo al pulso, y no baja de 100 en ningún momento... esto va a ser un desastre.


 

Y ahí estamos todos. Si, efectivamente 17 participantes, 9 mujeres y 8 hombres. Había algo más de 20 inscritos, pero fallaron algunos. Se me olvidó decir que es una carrera casi casi entre amigos, pero está abierto a cualquiera que quiera ir, anunciada en redes sociales y con plataforma de inscripción de una página especializada.
Seguimos. Yo, todavía pensando que sería el cuarto veterano, de los 5 que corríamos.
Nos colocamos en la línea, yo al lado derecho, dos leoneses al izquierdo, un hueco en el centro y el resto, detrás.
Cuenta atrás y comienza la II Marajamuz.
Salgo en cabeza y enseguida pienso "mal vamos". Unos metros después, cuando creo que el gps marca bien la velocidad, le echo un ojo y veo que no voy tan rápido. Sigo avanzando el primero, nadie me adelanta. "Esto es un espejismo" pienso. Justo entonces, uno de los leoneses se pone a mi izquierda. Pero no me adelanta. Vamos ocupando lo ancho del camino, así, si viene alguien más fuerte, tendrá que pedir paso. Afino el oído, creo escuchar pisadas y respiraciones jadeantes, pero no miro hacia atrás.
Unos 100 metros antes de terminar la subida más empinada, el corredor que va a mi lado avanza un poco más rápido. Yo me pongo enseguida detrás, para facilitar el paso de algún posible perseguidor. Francamente, fui mucho tiempo pensando que, en cualquier momento, me adelantarían dos o tres corredores con facilidad y me dejarían atrás, sin opción a seguirles.
Terminamos la subida. No miro el reloj, no quiero ver ritmo ni pulso. Llevamos poco más de un kilómetro de carrera y tengo la sensación de haber controlado perfectamente, sin gastar de más en la parte más difícil. Cuando el camino se pone más horizontal, me vuelvo a poner al lado del otro corredor, en cabeza.  Entonces escucho su respiración. No suena muy bien. ¿Y si acelero un poco? Venga, va. Doy un apretón y lo rebaso.

 Sigo sin mirar hacia atrás, esperando al corredor, o grupo de corredores que, habiendo dosificado mejor que yo la subida, me pasarán por encima como un tren. Pero de momento, voy a seguir disfrutando de mi privilegiado primer puesto de la general (que bien suena, eh?). Me acerco al tramo asfaltado. Me veo muy bien de fuerzas y de pulmones. Echo un primer vistazo al reloj: 4'19'' marca de ritmo. Bien, buen control.
Hay que destacar que los organizadores se han currado bien el recorrido, estando todo perfectamente señalizado, con flechas en cada cruce y conos en la carretera.
En cuanto piso el asfalto, vuelvo a acelerar. Me alegro un montón de haber elegido bien las zapatillas, tienen buena tracción en caminos y placa de carbono (Puma Deviate Nitro 3), aunque son un poco pesadas y algo duras al tacto, creo que ya he comentado algo sobre ellas en otras entradas. Me pongo un rato a 4'15'', casi hasta el final de la carretera. Nadie me adelanta. No escucho pisadas ni respiraciones ¿que pasa aquí?
 
 Se que mirar hacia atrás es signo de miedo o cansancio, pero ya no aguanto más la incertidumbre y echo un vistazo antes de volver al camino de tierra. Vaya, el segundo y tercero van a unos 30 segundos por detrás de mi (o quizá algo más).

 Después de ese vistazo, mi cara empieza a ser reflejo de lo que estoy viviendo:

 
 En el giro hacia el camino está el primer avituallamiento. Cojo una botella de agua, le doy dos sorbos y la tiro a un cubo que había preparado la organización. Trato de mantener el ritmo, pero, a pesar del buen agarre de las zapatillas, voy algo más lento y, de paso, dejando más fuerzas de lo debido. Consigo mantener los 4'19'' durante el tramo que va del avituallamiento, pk 3'6 al pk 6'6. En ese falso llano adelanto a dos participantes del maratón, que van alternando correr con andar. Ellos deben dar 5 vueltas al circuito, si pasar por la subida y la bajada más pronunciadas, nada más que una vez.
El paisaje que hay en la zona es desolador. Los pocos árboles que se ven, están quemados, debido a los incendios que hubo por allí el año pasado. Empiezo a tener mucho calor, me fijo en el pulso que llevo, echo un nuevo vistazo hacia atrás (he aumentado mi ventaja) e intento bajar el ritmo, necesito un trago de agua urgentemente.
Giramos en el 6'6 y cambiamos a un camino sin piedras. Me da mucha alegría verlo, ahí iré más cómodo, seguro. Pero nada más lejos de la realidad. A pesar de que a mi me parece todo llano, el camino se ha puesto hacia arriba y la sensación ahora es que las zapatillas me pesan muchísimo. Tengo que poner una marcha más lenta, si quiero llegar a meta, me acabo de llevar un buen bofetón de fatiga.
Recuerdo que, antes de empezar, me dijeron que el segundo avituallamiento está sobre el pk 8'5, pero yo no veo nada, ni cerca, ni lejos. Pero no he venido hasta aquí para hundirme a la primera, si no a dar mi mejor versión.
Vuelvo a buscar a mis perseguidores, empezando a temer que ahora si que me van a alcanzar, al haberme tenido que frenar. Solo veo puntitos de colores (no son efectos de la deshidratación, son sus camisetas ... a lo lejos).
Cuando el camino vuelve a tener alguna piedra, me da hasta alegría, pensando que la mini-subida está terminando. Volvemos a girar a izquierdas y, ahora si, a lo lejos, veo el puesto de avituallamiento. Una voluntaria me grita si necesito algo. Le hago un gesto con la mano, para que me de agua. Antes de llegar a ella, ya la ha cogido y me la está ofreciendo. Canta mi número de dorsal a sus compañeros y me indica que gire a derechas, que me queda algo menos de dos kilómetros para terminar. Voy muy muy justito de fuerzas, me paro un segundo para coger la botella y le pregunto si no hay cubo para tirarla cuando termine. Me dice que no me preocupe, que la tire al suelo, que se encargarán de cogerlo todo. Y así hago, un par de tragos y a la cuneta.
Vuelvo a mirar atrás, no veo a nadie. Comienza la bajada ... AY MADRE, QUE EMPINADO ESTÁ ESTO!!!
Lo dicho, visto por un manchego, cualquier tachuela es una enorme montaña, y ahora me toca bajar a mi, procurando no escurrirme y darme de bruces con el suelo. Voy andando varios tramos (puro miedo) y cuando me quiero dar cuenta, termina. Me ha bajado el pulso un montón, y empiezo a pensar en lo que le voy a decir a Marisa cuando vaya al coche a recogerla...
Últimos metros, no quepo en mí de la alegría, cruzo el puente, la meta y allí está mi Marisita, móvil en mano, inmortalizando el momento.

 


¡Que he ganado!, le digo, ella me sonríe ¡que he ganado la carrera! repito. Vuelve a sonreír y me dice, tan tranquila, "si ya lo sabía yo".

La marca ha sido discreta, poco más de 44 minutos. Como curiosidad, el ganador del maratón hizo una media por kilómetro, más rápida que la mía. 

Tengo que agradecer a los organizadores el excelente trato que nos han dado, su cercanía, su ofrecimiento para quedarnos a comer (me supo mal, de veras, marcharnos tan pronto). Ambos estábamos agotados, yo por correr, dando lo mejor de mí mismo, y Marisa por su resfriado.

Las clasificaciones, cuando estén disponibles, se publicarán en la página carrerasconencanto.com 

lunes, 7 de septiembre de 2026

XXXII Carrera popular de Madridejos, 6 de septiembre del 2026

 A pesar de tener tan reciente la carrera de Villafranca, con el cansancio acumulado que ello conlleva, me animé a inscribirme a esta prueba. El último empujón me lo dio Uti, mientras comíamos en las lagunas. Si va el maestro, yo me apunto.

En toda la semana solamente descansé un día, el resto corrí, lento y pocos kilómetros, pero corrí. Me veía bien recuperado, con fuerzas. Hasta el sábado anterior. Vaya día malo, me encontraba muy cansado, sin saber exactamente por qué. El domingo me levanté con la misma sensación. He ido a carreras en las que me encontraba muy bien de forma, y la sensación era la misma. Pero en Madridejos no era igual. La cabeza estaba de acuerdo con el cuerpo y si tienes dos obstáculos tan altos que sortear, mal pinta la cosa.

Llegamos con tiempo de recoger el dorsal y saludar a muchos amigos. Nos fuimos rápido a calentar. Y fue ahí cuando decidí acompañarlo en la prueba. Esto no quiere decir que el ritmo previsto fuese lento, modestamente hablando, ya que nuestra estrella veterana está muy fino, tan solo sería pocos segundos por km menor de lo que, en teoría, yo podría mantener. A pesar de su insistencia para que yo compitiese e intentase subir al podio, preferí su compañía. Él corría en veteranos C, de 56 años en adelante, y yo en veteranos B, de 46 hasta 56.

 

 Salida limpia, sin complicaciones. Nos adelantan bastantes en los primeros metros. La carrera transcurre por las calles de la localidad, todo asfaltado y algún adoquín de buena calidad, en un circuito al que hay que dar dos vueltas. Al principio, la Calle Arroyuelo Alto, pica suavemente hacia arriba. Mi compañero me ha advertido que en la segunda vuelta se nos puede atragantar, así que soy prudente y bajo el ritmo. Nada más llegar arriba y girar a izquierdas, busco a Uti. Va unos metros detrás. Continúa una pequeña bajada, me dejo llevar cómodo, pensando que me iba a recortar terreno con facilidad, pero antes de volver a girar para subir de nuevo (otra muy suave), hacia las calles Matías Pérez y Comisario, lo busco y veo que va algo más retrasado. A mi lado va un paisano, Jorge, categoría senior. Su intención es ir conmigo. Pero no yo estoy para darlo todo, como en el pueblo, y le digo que siga, que yo voy a esperar a Uti.

Me tomo con mucha calma la subida, y en la Calle Comisario me alcanza, justo en el momento de picar el primer kilómetro (4'20''). Ahora viene la parte más favorable del circuito, hasta la Calle los Arcos, nos vienen más de 1200 metros de terreno favorable. Aprovechamos para poner un poco más de alegría a las zapatillas, pasando el segundo km en 4'05''. Tras girar de nuevo hacia el centro del pueblo, viene la última subida suave del circuito. Bajamos un pelín el ritmo y llegamos a la zona adoquinada, km 3, en 4'08''. De nuevo volvemos a bajar hasta completar la primera vuelta en 13 minutos y 38 segundos. Avituallamiento, agua fría. No me gusta, me produce dolor de estómago mientras corro, así que doy apenas dos sorbos pequeños y me acerco al contenedor amarillo para tirar la botella.

Con buenas piernas todavía, afrontamos la segunda vuelta, aquí hemos conseguido unas fotos (del mismo autor del vídeo):




 El caso es que, subiendo, yo me encontraba bien. Giramos, bajamos y pasamos el cuarto km en 4'06''. Volvemos a la Calle Matías Pérez y tengo la terrible sensación de haberme quedado vacío. Si, en un momento vas bien, y unos segundos después ya no eres persona. Aprovecho la llegada de la zona de bajada para decirle a Uti si le parece bien que nos tomemos un respiro, aflojando un poco. Me ha visto quedarme un poco atrás y dice que por supuesto, nada que objetar.

Hasta ahora, había estado algo nublado, con calor, pero llevadero. Pero sale el sol y yo no busco la sombra, si no el interior de la calle. Fue un fallo, habría sufrido menos. Pasamos el quinto kilómetro en 4'03'', hemos aflojado poco me parece a mi.

Empezamos la última subida y adelantamos a cuatro corredores, Uti por un lado y yo por el otro. Enseguida, dos de ellos, se pegan a nosotros y vuelven a adelantarnos. Duran apenas unos segundos y vuelven a ceder sus puestos. Sexto kilómetro en 4'08''. Tenemos al alcance a la veterana Gema, del Manchego. Hemos estado hablando con ella y su marido antes de empezar, habiendo planificado un ritmo muy parecido al nuestro. En la posición que vamos, ya está todo el pescado vendido, yo no tengo opciones de podio y Uti, salvo sorpresa, va segundo. No vamos a adelantar a Gema, a pesar de que a los dos nos queda un último cartucho en la recámara. Aceleramos lo justo para llegar un segundo detrás suyo y paramos el cronómetro en 26 minutos y 54 segundos (en el gps nos sale menos distancia que la anunciada por la organización). La segunda vuelta ha sido 22 segundos más rápida que la primera, de manual.


 Toca ponernos ropa seca y compartir unas charlas con los demás participantes y algunos amigos espectadores. La organización tiene una barra con bebidas y aperitivos para todo aquel que se pasa por allí. Así se hace muy amena la espera, hasta la entrega de trofeos.


 
Enhorabuena Uti, ojalá sigas muchos más años manteniendo el buen nivel.

Hoy me he levantado con mejores sensaciones, más descansado. Correr otra prueba este domingo va a ser excesivo ... ¿o no? en unos días os lo cuento ;) 

martes, 1 de septiembre de 2026

XXVIII Carrera Popular Las Lagunas de Villafranca, agosto del 2026

 Hoy se me presenta la opción más fácil de escribir lo que sucedió el domingo 30 de agosto del 2026 en Villafranca. Sería algo tan corto como: he entrenado mucho, no me he lesionado y he conseguido el resultado esperado. Esta sería la versión para los que no les gusta leer, para el resto, habrá que esforzarse un poco más...

Como siempre suelo hacer, menciono mi anterior carrera y lo que ha pasado desde entonces. Fue en Manzanares, tuve que retirarme por unos pinchazos que me aparecieron en mitad de la prueba. Después de un par de días de descanso, volví enseguida a la carga, con prudencia, pero sin perder el tiempo. Hablamos de principios de mayo, más de tres meses por delante para preparar nuestra carrera.

He aprendido que, en este deporte, la paciencia es fundamental. Comencé a entrenar suave y he ido aumentando el volumen y la intensidad paulatinamente. Por suerte, ahora puedo entrenar más y mejor que antes, gracias a mi nuevo turno de trabajo. El verano me ha hecho madrugar o correr en la cinta del garaje (con un par de ventiladores a toda pastilla). No he perdido el tiempo.

Normalmente, también suelo ir a competir unas semanas antes, para "ir cogiendo chispa", que decimos los corredores, alguna nocturna, como la de Tembleque, o el 10 k de Fuente el Fresno. Pero entre el calor y que me coincidía algún día de trabajo, no hice ninguna. En su defecto, a finales de julio hice un 10 k por las lagunas, yo solito, con un resultado que me hizo sentir muy optimista de cara al objetivo previsto.

¿Empezamos? 

La carrera empieza unos días antes, con reuniones, preparativos, etc. El día anterior nos dimos una buena paliza haciendo las bolsas de los corredores, más de 1000 entre todas las categorías este año. El domingo madrugón, y a colocar todo antes de la prueba de andarines, que abre la jornada.

Este señor tan simpático, para el que no lo conozca, es mi hermano, el INDESTRUCTIBLE. Qué alegría me dio volver a compartir estos ratos el sábado y el domingo. A ver si el año que viene compartimos también la carrera. 

 



 

Con el tiempo algo ajustado, hice un pequeño calentamiento, no tanto como me hubiese gustado, pero, al fin y al cabo, resultó suficiente.

En la línea de salida busco colocarme algo más delante de la mitad del pelotón. Justo detrás de Luis, el villacañero, y delante de sus paisanos, Maxi, Lorenzo...

Muy puntuales, nos pone en marcha Ignacio. Hace una temperatura estupenda, nada de viento, pero no hay nubes, y el sol va a picar de lo lindo en las lagunas. Será otro factor a tener en cuenta.

Mi estrategia, para esta edición, es darlo todo. Había planeado hacer los tres primeros kilómetros más lentos que el resto de la carrera. Cuando uno se encuentra fuerte, hay que tener la sangre muy fría para conseguirlo, no dejarse llevar por el resto de corredores. También hay que saber mantener el ritmo en las piernas, o ir mirando el gps muy a menudo. Eso precisamente fue lo que iba comentando con el compañero que tuve el domingo, Juanan. Salimos los primeros metros por debajo de 4 minutos el km, aflojamos, nos ponemos casi a 4'30''... no hay manera, me decía entre risas.

Las primeras calles del circuito son más bien anchas, no hay apreturas, codazos, empujones. Después, la Calle El Pez, aunque es algo más estrecha, también permite adelantamientos con facilidad. Sin embargo, hasta que salimos al camino de las lagunas, no nos centramos en afinar el ritmo.

Los andarines ya vuelven al pueblo y muchos de ellos nos van dando ánimos. Se agradece enormemente este gesto, y más cuando te llaman por tu nombre. 

Aunque la idea principal es ir "a lo mío", no dejo de tomar referencias con otros corredores, sobre todo si se que son de mi categoría. Llevamos a unos 20 metros por delante a Luis, es lo normal, sale siempre más fuerte que yo. Lo he visto muy fino, aunque aseguraba haber entrenado poco este verano. También rebasamos a otro corredor local, esta vez mucho más joven, Javi. Le digo que como va tan detrás, con lo rápido que es. Me contesta que tampoco ha entrenado mucho, más bien lo que hace es bici. No me hace falta mirar hacia atrás para saber que se queda con nosotros, es un buen corredor, y buen estratega. Justo cuando vamos a empezar la mini subida hacia las lagunas, le digo a Juanan que voy a aflojar. Mantenemos el grupo, nadie nos adelanta.

Llegamos a San Isidro, tomamos aire en la pequeña bajada y cojo una botella de agua para compartir. Un par de tragos cada uno y al bidón. Ahora veo a Luis mucho más cerca. Yo voy muy entero, mirando de vez en cuando de reojo el ritmo. Acelero suavemente para ir comiendo terreno e intentar dejarlo atrás por la zona de baño. Nos cruzamos con los primeros corredores. Me da por intentar contar a los que parezcan más veteranos: uno, dos, tres, cuatro, cinco y luego Luis y yo, uf! hoy no pillo podio en la general ni de coña.

Entramos a la arena. Me pongo al lado de Luis y le digo en tono de broma: he contado a cinco sospechosos por delante, mal vamos. Pero él va muy justito para darme conversación, se limita a decirme que tire para delante. Lo paso y continúo la marcha. Dentro de la zona de baño damos alcance a otros dos corredores más jóvenes, pero no tenemos opción de pasarlos, ya que aceleran cuando notan nuestra presencia. Pues nada, seguimos así hasta que volvamos al asfalto. Vamos a echar una sonrisita, no sea que esté Pablo, el fotógrafo herenciano, por ahí escondido...

Antes de llegar a lo que conocemos como "el cerro" vemos a algunos corredores que se salen del circuito, por el lado izquierdo. Les gritamos, pero no nos escuchan. Van a hacer algunos metros de más (pocos, en realidad). Hay que aclarar, que toda la zona estaba bien señalizada, no entiendo el despiste.

Pasamos el aula de la naturaleza y salimos al asfalto. Mantenemos un ritmo muy bueno (lo previsto), adelantamos a los dos jóvenes de antes, pero no se dejan, vuelven a pasarnos enseguida. Ni juanan, ni yo, sospechamos nada, pero había truco con uno de ellos. Resulta que era local y nosotros no lo conocíamos, pero claro, él veía rotulado el nombre del club en nuestras camisetas, y no cedía.

Llegamos al segundo avituallamiento. Es Juanan el encargado de coger la botella esta vez. Me dice que bebamos una vez coronado San Isidro. Y justo arriba del todo, cuando a mi se me empezaba a salir el corazón por la boca, me pasa el agua. Un par de tragos y se la devuelvo. Espero a que beba él y empiezo a poner el ritmo cucero. Adelantamos a varios corredores. Esta vez no me he fijado si alguno de ellos es veterano, iba demasiado centrado en controlar mis fuerzas, pero como había contado tantos en las lagunas, descartaba toda opción a podio. Digamos que perdí el interés. No obstante, el objetivo de darlo todo, no cambia.

Poco antes de llegar de nuevo a la Calle El Pez, empiezo a notar la fatiga. Me entran las dudas. Por un segundo, mi cerebro me ordena decirle a Juanan que tire él, que yo no puedo más. Pero claro, debe ser una parte muy chiquitita de mi cabeza, porque enseguida me digo a mi mismo: anda, hermoso, acelera un poco y déjate de historias. Entramos en el último kilómetro, que será el más rápido de todos. He ido acelerando poco a poco y las piernas responden. Ni una sola vez he mirado hacia atrás, ni una sola he mirado el pulso (no quería sugestionarme de forma negativa).

Llegamos al colegio, y mientras hacemos la última curva, veo a Javi a mi lado. Me da mucha alegría encontrarlo a él (y no a otro más viejo, claro jajaja). Juanan también está ahí. A mi me queda un último cartucho y voy a gastarlo. Acelero con todo hacia meta. Unos metros antes, me adelanta Javi (luego bromeamos con el detalle). En el arco está esperando mi hermano, y al percatarme, como no, le hago un gesto que cualquiera entenderá.


 

Me hizo alguna más, aquí dejo las que más me gustan:


También, junto al arco, estaban mis padres. Que contento me puse al verlos!!


 

En cuanto tuve un minuto, me puse a ver las clasificaciones provisionales, 40 de la general, cuarto de mi categoría. Tengo más medallas de chocolate que canas, y mira que ya me han salido unas cuantas!!

Claro, en locales fui primero, ya que iba con la ventaja de ser el más jóvenes de los más viejos, no se si me explico...


 

Hoy me la voy a jugar, a ver si no me olvido de ninguno de los que saludé: Antonio Layos, Javier Torres, Javier Rivas, Gonzalo y su mujer, Alfonso (compañero de Urda), al grupo villacañero, Higinio, Rubén Monreal y sus padres, Jose Torresano, Javi Cicuéndez... uf, no doy para más, si falta alguno, que lo diga.

Nos vemos el domingo en Madridejos, creo que va a ser la primera vez que corro allí.