domingo, 11 de mayo de 2014

XXXI Carrera Popular de Manzanares, 10-05-2014, 10 kms.

Quizás antes de la cuenta retomo mis entrenamientos después del maratón. Es lo que se me viene a la cabeza cuando me comprometo a hacer de liebre en esta carrera para Floren y Casero, pero la ocasión merece la pena y por mis compeñeros hago lo que sea necesario.
Después de verlos entrenar en el parque, haciendo "miles", no tenía ninguna duda, ambos son capaces de bajar de 40 minutos en 10000. Todavía hoy estoy convencido de ello. Por mi parte, pude hacer unas series con ellos a ritmo de carrera el martes pasado. Todo perfecto, van sobrados, de hecho, tuve que ir sujetándolos para que no se desbocaran.
Pero ayer en Manzanares no hacía la temperatura conveniente para correr. Es el primer día con calor que competimos esta temporada y aunque la mayor parte del circuito transcurre por las sombreadas calles de la localidad, el ambiente era sofocante. La única parte buena es que estaba nublado y al menos el sol no achicharraba.
Fuimos un buen grupo: Floren, Casero, Jose Luis, Ismael, Alfonso y un servidor a correr, Uti de espada del lillero y Fillo, Juanan y el padre de Floren de pomponeros.

Estuvimos hábiles a la hora de coger sitio en la salida, justo debajo del arco, a la sombra, y tras guardar un minuto de silencio en memoria del accidente de los niños extremeños y del saltador Yago Lamela, comenzamos la prueba, muy seguros de nosotros mismos.

He de confesar que yo estaba muy preocupado por conseguir llevar el ritmo adecuado, además de que no sabía si iba a llegar bien de fuerzas hasta el final, después del exigente maratón; pero ya al paso por el primer kilómetro las dudas comenzaron a disiparse, cuando veo que, a pesar de la típica desbandada, pasamos en 3'56".  Hasta aquí nos ha adelantado mucha gente, es normal, lo de siempre, estamos frescos y nos vamos a comer el mundo, pero en realidad, la distancia y sobre todo el calor, nos pondrá a cada uno en el lugar de la clasificación que nos corresponde.
Decido afrlojar un poco, pero no demasiado, para intentar compensar el segundo kilómetro con el primero. A pesar de ir más despacio, ahora somos nosotros los que estamos adelantando al personal. El dos cae en 8'01", perfecto, les canto a mis galgos .
Antes del kilómetro 3 la sensación de sequedad en la boca es notoria. Me pregunto cuantos avituallamientos tendremos hoy...
Manzanares se vuelca con su carrera y el calor no impide que bastante público se agolpe en sus calles. Da gusto correr en sitios así, no te falta animación en la mayor parte del recorrido y eso hace más llevadera la prueba. Es un circuito absolutamente llano, con pocos giros, lo que la hace muy rápida, pero hoy no...
A pesar de haber calles estrechas, no nos cuesta demasiado adelantar corredores, no se ven grupos numerosos, solamente sofocados corredores que van cayendo poco a poco, cuyas miradas nos dicen "estos locos van demasiado deprisa, con el calor que hace, y yo no puedo más".
Van cayendo los kilómetros al ritmo previsto, 4 minutos clavados. Pero sobre el cuarto mil Casero comienza a quedarse un par de metros detrás. Prefiero no decirle nada, sé que si no sigue pegado es porque le es imposible y si intento forzarlo será peor. Pasamos el 5 en 20 minutos, justo lo pactado.
No veo el avituallamiento, está unos metros por delante, tras dos giros de 90 grados. Ambos cogemos una botella, nos va a hacer mucha falta. Doy sorbos pequeños, me echo un poco sobre la cabeza y aguanto el resto. Floren acaba rápido con la suya y tras unos metros le ofrezco la mía.

Llegamos al kilómetro 6, 24 minutos clavados. Le canto el tiempo a mi compañero y me contesta: "vale, pero no aprietes". Le digo que no se preocupe, que no pienso hacerlo, visto que Casero ha quedado algo atrás, lo más sensato será mantenernos y empujar solo al final, si las piernas responden.
Kilómetro 7, seguimos con el tiempo establecido. Muscularmente me encuentro muy bien, pero no tengo saliva en la boca, la lengua se me pega al paladar y la sensación es horrible. En esas condiciones y con el asfixiante calor se hace muy difícil correr. Floren comienza a jadear, y no de gusto precisamente. Hay veces que se me queda algo detrás, pero cuando le animo para que no decaiga, me sigue con convicción.
Llegamos al 8 y el cronómetro sigue de nuestra parte, pero el resto de condiciones no. Trato de jugar una baza psicológica, gritando "¡venga, dos kilómetros con un par de huevos!", pero aquí no manda la mente, si no las piernas, el calor, el asfalto; se va acabando la gasolina y para esto no hay remedio, solo hay dos opciones para terminar, aflojar y llegar trotando o tratar de darlo todo sufriendo lo indecible.
Ni que decir tiene que Floren es un luchador nato y se decanta por lo segundo.

Le propongo pasar el nueve a ritmo de 4'10" para intentar recuperar fuerzas y hacer un último kilómetro a tope; no dejo de decirle que puede conseguirlo, pero empieza a cabezear, con un jadeo constante, y lo único que sale de su boca es un "no puedo, no puedo". Por más que busco, no encuentro el cartelito del 9. Pero ya no me preocupa mucho, viendo que hemos bajado el ritmo y que mi compañero anda jodido, me centro en no dejar que se me quede muy atrás, para al menos, hacer un crono decente.
El garmin me ha ido pitando descompensado, después de pasar las marcas de la organización, y cuando me chiva que solo queda un kilómetro se lo traslado a Floren: venga, dos vueltas al parque nada más.
Esto parece haberle dado vida, levanta la cabeza, me da alcance, se pone a mi lado, incluso hay veces que me adelanta (no, si ahora me va a dejar aquí tirado, pienso yo). Da un buen arreón y aguanta así unos metros, mas no dura mucho el achuchón hasta que de nuevo, afloja el paso; nos queda una larga calle y luego girar a la derecha para ver el arco de meta. En el último giro están Fillo y Juanan animando. Echo un vistazo al crono, 39'35". Quedan unos 250 metros y eso no seremos capaces de hacerlos en 25 segundos...
Al límite de sus fuerzas y con gesto de resignación, cruza la meta, no ha podido ser 40'40".


Ha sido durísima, el calor ha hecho estragos. Después de pasar el primer kilómetro no nos ha adelantado ni un corredor. Hemos de estar muy orgullosos de la marca que hemos conseguido, creo que con buena temperatura habríamos logrado facilmente 39'30", podemos ir a casa con la cabeza bien alta.
Justo detrás de nosotros entra Jose Luis, en 41'45", haciendo su mejor marca personal. Uti le ha llevado de lujo (este entrenador nuestro vale su peso en oro).
Y tras él, Casero, en 42'20". Luego nos dijo que desde el kilómetro 4 iba con dolores en el muslo, una pequeña lesión que le trae de cabeza.
Poco después, Alfonso e Ismael terminan también con unos tiempos de lujo.
Como puede verse en las CLASIFICACIONES dejamos el pabellón bien alto.



miércoles, 30 de abril de 2014

Maratón de Madrid. 27 de abril de 2014.



Nueva expedición del Club de Atletismo las Lagunas. Esta vez a la “madre” de todas las carreras, al maratón, al de Madrid.
Es uno de los objetivos más importantes para algunos de nosotros, bien porque será el único maratón que corramos en el año, bien porque debutamos en la distancia, o bien porque será una prueba de fuego para conseguir la mejor marca personal que poseemos hasta el momento.
Me encuentro en el último caso. Si, lo sé, Madrid no es precisamente el mejor sitio, es más, quizá sea uno de los peores para batir marca, pero es lo que hay, está cerca, vamos un gran grupo y allí tenemos a Jesús y Sonia, que nos llevarán de la mano a todas partes y no tendremos que preocuparnos por absolutamente nada. Como ya bien saben ellos, os estamos profundamente agradecidos. Del mismo modo quiero agradecer, antes de que me ponga a relatar la carrera, al grupo de animadores y animadoras que, pacientemente, nos esperaban y gritaban a nuestro paso por las repletas calles de la capital.
Esta edición me ha llevado al límite. La dureza del final, combinada a la acumulación de kilómetros en las piernas, hace que entienda perfectamente las razones por las que mi hermano no pudo acabar. Fue una decisión acertada, no debes lamentarte, diste prioridad a la salud. Y punto. Piensa en correr Sevilla …
Al lío.
Salida caótica. No sé cómo no perdí a Fillo ya desde antes de empezar. El prioritario cajón número 1, al que facilitaba acceso nuestro dorsal, estaba abarrotado. Entramos a la fuerza, por los empujones de la masa. Otros saltaban la valla, algunos se colaban por debajo, un caos.
Ni nos enteramos del pistoletazo de salida.
El garmin se me puso en modo ahorro y pasaron unos 15 segundos desde que rebasamos la línea de salida hasta que pude ponerlo en marcha. Mal empiezo, ya no voy a llevar el escrupuloso control del tiempo y la distancia que quisiera; pero no quiero ver lo negativo, solo concentrarme en lo que me ha llevado hasta allí.
Como en la mayoría de las carreras multitudinarias, me veo obligado a adelantar a cientos de corredores que se han colocado inapropiadamente por delante. No es buena idea salir desde muy delante si vas a ir despacio, eso te puede ocasionar algún que otro empujón, en el mejor de los casos. Así, el primer mil sale lento. Pero no hay problema, nos quedan otros 41 para desquitarnos; y es ahora cuando mi compañero se empeña en empezar, desde el segundo, 4’05”.
Los primeros kilómetros de la prueba son cuesta arriba, pero he llegado bien descansado, estoy en mejor forma que nunca y, sinceramente, a pesar de ir tan rápido (más de lo que había previsto), me encuentro muy cómodo. Y tanto, el segundo cae en 4’07”. Le advierto a Fillo que esto podemos pagarlo luego, que no debemos acelerarnos tanto, pero me ignora, 4’12”. Al segundo aviso me dice que llevamos muy cerca el globo de las tres horas, que le demos caza y que luego nos relajamos. Es buena idea, pero creo que deberíamos tirar cuando el perfil de la carrera sea favorable, no ahora; pero claro, sigo muy entero, no me cuesta en absoluto mantener esa marcha y sigo pegado a él todo el tiempo. Tan solo una pequeña molestia en el talón de Aquiles de la pierna izquierda hace que desvíe mi concentración y me ponga sobre aviso.
4’09” para el siguiente, pasamos el 5000 en 21:12 (21:58 oficiales), buen tiempo, a pesar del retraso de la salida. Ya casi estamos con los globos, un último acelerón y son nuestros, 3’59” … ya los tenemos. Ahora a disfrutar de Madrid.
Ja! Empieza la bajada, y con ella el mil más rápido de la carrera, 3’53”. Algunos corredores increpan a las liebres, tratamos de poner paz, “dejadles, saben bien lo que hacen”. Su misión es llegar por debajo de las 3 horas del tiempo oficial y llevan algo de retraso para el paso por el diezmil, que alcanzamos en 41:22 (42:08 oficiales). El Aquiles no deja de dar la lata, puedo correr, pero no tan a gusto como quisiera.
El grupo que formamos es relativamente grande. A pesar de ir muy en cabeza de la prueba formamos un buen pelotón y vamos adelantando gente continuamente. Esto hace que en los avituallamientos no sea tarea fácil coger agua. Menos mal que coordinamos perfectamente y si uno de los dos no puede, el otro si, solo de esa manera, conseguimos hidratarnos sin perder ritmo.

En una parte de bajada Fillo tiene que parar a orinar. Es una decisión acertada, ya que le resultará fácil alcanzarnos de nuevo y todavía no estamos en absoluto cansados. Yo me lo pienso, pero como no tengo ganas, prefiero continuar a perder unos valiosos segundos forzando hasta conseguir “echar un chorrete”. Pasamos el km 15 en 1:02:16 (1:03:02) y yo no dejo de pensar en que llevamos un “colchón” de tiempo muy generoso y que si no pasa nada raro, nos vamos a salir en este maratón. Ahora llegan dos kilómetros de subida y las liebres nos llevan a 4’19” ambos. Voy de lujo, ni gota de cansancio. Pero las primeras dudas hacen acto de presencia. Si no se me pasa el dolor de la pierna izquierda esto puede acabar mal, muy mal. Decido tomar un ibuprofeno antes de llevar hora y media corriendo, espero que haga efecto.
En el kilómetro 18 nos encontramos con Floren y Casero, dos espadas de lujo que hoy acompañarán a los debutantes, Manuel, Juanan, Coco y Raúl. También van con ellos Uti y mi hermano, Antonio.
Pasamos por Sol. ¡Que espectáculo! Está abarrotado, un griterío ensordecedor, el público madrileño te hace volar (¡y tanto, en un vistazo rápido al garmin veo que el ritmo es de 3’50”!)
Llegamos a la media maratón, 1:27:40 (1:28:26). Si hace dos años me dicen que voy a pasar una media en ese tiempo “tocándome las narices” me hubiese descojonado a reír, pero hoy en día es lo que hay y no me disgusta en absoluto.
En casa estuve estudiando el perfil de la carrera. Me centré en un par de detalles: la salida de la Casa de Campo y los 7 kilómetros que van del 33 al 40. Son subidas, lo que menos desea encontrar un corredor cansado. Pero yo no soy ese corredor. Al contrario, perfectamente arropado por un buen grupo, acompañado por Fillo, sé que no habrá cuesta que se me resista… siempre y cuando las liebres sean bondadosas y aflojen un poco, todo hay que decirlo.
El primer punto cae sin complicaciones, hemos subido de lujo, pero las piernas ya empiezan a dar signos de fatiga. Estaba claro, esto tenía que pasar. Ahora la mente tiene que jugar su baza. Una vez pasado el kilómetro 30 (2:05:15 – 2:06:01), hay que descontar en lugar de ir sumando, es decir, no voy a por el 31, si no que me quedan 12. Es un pequeño truco que, de veras, funciona. El Aquiles me está tocando las narices. Vamos en un tiempo genial, pero casi casi cojeando, una de cal y otra de arena.
Aprovechando un tramo favorable tomo un comprimido de electrolitos. También un gel con el que me hice en la Casa de Campo. Este año no he tomado ninguno y espero que no me haga daño, pero creo que me hará más bien que mal.
Ahora los kilómetros se me hacen más largos, ya no me lo estoy pasando tan bien como al principio, cuando me empapaba de los fabulosos edificios que adornan la capital de España, del agradable olor a primavera en la Casa de Campo, cuando podía sonreír al público que nos daba ánimos con todas sus fuerzas, ahora mi cara empieza a ser de “circunstancias” y me centro en procurar que no se note cuando nos vean nuestras pomponeras.
Kilómetro 33, empieza lo peor. Estoy bien mentalizado, sé a lo que voy a enfrentarme, sólo espero que las fuerzas no me fallen; y así aguanto bien hasta el kilómetro 35 (2:26:45 – 2:27:31). Las liebres se frenan en seco. Dicen que de aquí al final, yendo a 4’30” salen las tres horas justas. Pero ni Fillo ni yo bajamos el pistón. Él se adelanta unos metros y ya no seré capaz de alcanzarlo. Hasta el 36 voy muy cerca, pero justo delante de mí hay un tío enorme, con un mazo de tamaño importante. Antes de poder darme cuenta recibo un tremendo golpe en toda mi alma que me deja absolutamente K.O. La idea del abandono me parece la mejor, o más bien, la única opción. ¿Cómo ha podido suceder? No es posible. No dejo de intentar averiguar cómo puede ser que en tan solo un instante haya pasado de la gloria a la derrota.
Desde este momento, todo se ralentiza. Nunca llegan los carteles de los kilómetros, el cronómetro no avanza, la respiración, hasta ahora controlada, pasa a ser jadeo, sofoco; ya no vuelo a 4 minutos, me arrastro.

Pero yo no he llegado aquí para rendirme después de recibir el primer golpe. Se lo debo a mis compañeros, se lo debo a nuestras pomponeras, se lo debo a mi familia, a las horas que les he restado por ir a entrenar, me lo debo a mi mismo. Decido continuar, cueste lo que cueste.
Con el ánimo renovado llego al km 38. Segundo golpe. Ahora, además de ir sin fuerzas, empiezan a darme calambres. Primero son los dedos de los pies, se me suben unos encima de otros. Para intentar recolocarlos, corro de puntillas, consiguiendo que vuelvan a su sitio y que sean ahora los gemelos los que se acalambren. Tengo que ponerme a talonar para que se me pase, y lo consigo rápidamente, pero el resultado es que los calambres ahora se me van a los cuádriceps y a los isquios … ¡joder, parece que voy bailando el “chu-chu-ua”!
Lo bueno de todo esto es que ya no me acuerdo del Aquiles, ya ves, la mancha de la mora, con otra verde se quita.
Sobre el kilómetro 39 me vuelven a dar caza las liebres de las 3 horas. En un esfuerzo Hercúleo me pego a ellos. No voy a dejar que se me escapen, aunque, a decir verdad, no tengo ni idea de como hacerlo.
Kilómetro 40, se acaba la subida, aunque en realidad, todavía quedan unos 200 eternos metros. Justo al coronar la parte más alta, las liebres nos dicen que si nos queda un cambio es momento de hacerlo … solo vamos dos cadáveres con ellos, y el otro se descojona al oírlos … y yo, jajaja, casi me pongo a llorar.
Entro al Retiro, me pego al lado izquierdo, que es donde nos esperan Ali y compañía, hay mucha gente, todos gritan, temo que no voy a verlas, pero poco antes de los arcos finales las localizo, trato de sonreír y choco sus manos.

 El reloj oficial marca 2:59 y pico, me queda un buen tramo y no sé si seré capaz de cruzar antes de ver el “3”. Último sprint, más calambres, mi cara es un poema, no sé si voy corriendo o haciendo un bailecito tipo Michael Jackson, 56, 57, 58, 59 … paso por meta, lo conseguí, soy maratoniano de menos de tres horas.
Fillo me espera bajo el reloj, nos fundimos en un abrazo, que buenos somos, leche!!
El resto de la jornada transcurre tal y como habíamos planeado, comida y pitorreo, únicamente empañado por el sabor agrio del abandono de mi hermano. Los demás laguneros han finalizado exitosamente el maratón y podrán lucir con orgullo sus medallas.






He de hacer una mención especial a Sara, la hija de nuestro Peter, que corrió el diezmil previo al maratón en unos estupendos 47 minutos. Enhorabuena campeona.

lunes, 31 de marzo de 2014

VIII Media Maratón Ciudad de Segovia, 2014.

Por fin acudimos a una de las carreras más atrayentes del calendario nacional. Ya hacía tiempo que pensaba participar en esta media maratón, ya que nuestro compañero Ignacio no dejaba de hablarnos de ella; aunque, para hacer honor a la verdad, he de decir que el completo plan turístico que nos ofrecía era tan irresistible que ya no podíamos dejarlo pasar ni un año más. La mayoría de laguneros salió para allá el sábado, comieron, rieron, bailaron, se divirtieron, pernoctaron y el domingo nos recibieron al resto de valientes.
Servidor madrugó, además de lo apropiado, una hora más, para ajustar bien los meridianos ...
No quiero empezar poniendo excusas...
La prueba entra dentro del plan para el Maratón de Madrid. El objetivo era hacer una buena carrera, con la gran duda de la marca que podríamos lograr, ya que la particular dureza del recorrido nos pondría a prueba y sacaría a relucir los frutos del plan del mejor entrenador del mundo: Uti.
Yo iba sobradito, de gallito. Después de estudiar ligeramente el perfil concluyo en pasar el km 10 en 39 minutos aproximadamente y luego acabar tranquilamente ... JA!
Es la primera vez que llego a la línea de salida sin nervios, sin ninguna presión en absoluto, pensando que lo tengo todo bajo control. Al ver que hay globo de 1:25, más todavía, no necesito ni pensar, me pego al guía y los últimos kilómetros lo doy todo, sencillo ¿verdad?.
Pues no.
Me coloco bastante delante, creo que lo voy a tener fácil. Tremendo cañonazo para dar la salida, menudo susto!! y pedazo de sprint de los globeros. Se me van unos 150 metros, pero no sufro, tengo muchos kilómetros para darles caza. Se empieza en bajada y como siempre, a pesar de haberme colocado estupendamente, tengo que adelantar a cientos de corredores con un objetivo menos ambicioso que el mío. Es una locura, si te exiges desde los primeros metros lo acabarás pagando, pienso entre mi. Pero mi lado chulo dice, que va, estás como un toro, corre y da caza ya al globo.
En los últimos entrenamientos bromeábamos cuando decía que cuesta abajo a 3'50" voy cómodo, pero en Segovia cuesta abajo iba por debajo de 3'40" ... y no alcanzaba al globo... evidentemente, no iba nada cómodo. Más de dos kilómetros de persecución, "fuera de punto" me costó pillarlos. En el grupo va Fillo, muy seguro de si mismo. El globero le ha explicado la táctica que va a seguir y se pega a él como una lapa.
Vamos pasando los kilómetros bastante rápidos, no da tiempo a tomar aliento, excepto cuando llaneamos al lado del río, pero la estrechez de los paseos por donde pasa la carrera hace que los acelerones y frenazos sean constantes. Hay asfalto, hay tierra, hay adoquín y lo peor de todo, hay arena blanda, muy blanda. Antes de llegar al noveno kilómetro veo que me cuesta seguir al grupo, pero confiado en mi preparación, no me despego, esforzándome un poco más de la cuenta.
Llegamos al kilómetro 10, el reloj de la organización marca 39'07", sonrío y me digo, bien, como había planeado.
Pero entonces llega algo inesperado, algo con lo que nunca habría soñado, la pájara. El asfalto comienza a empinarse. A la vista me parece poca la inclinación, pero el grupo se aleja y yo nada puedo hacer para seguirlos. Voy perdiendo fuelle hasta tal punto que me dan ganas de ponerme a andar e incluso pararme. En pocos segundos pierdo de vista a Fillo y al resto. Uno o dos corredores me adelantan y empiezo a experimentar en mi cuerpo el kilómetro más cruel que jamás he corrido. No puedo respirar, no soy dueño de mis fuerzas, el sudor me alcanza los ojos y empiezan a escocerme. Por suerte no se me nubla la vista ni me siento mareado, pero llevo el motor completamente gripado y me voy apagando poco a poco ...
A partir de este momento solo recuerdo algunos detalles.

El primero es que llego al 11, cruzo el acueducto con muchísimo público gritando y animando. Reconozco a algún lagunero y les hago un gesto con el dedo en señal de que voy fundido. La idea de abandonar se está adueñando de mi a pasos agigantados, pero no veo un hueco por el que colarme, ni una ambulancia a la que subirme, solo gente gritando. Atanasio aparece de la nada y me da un buen achuchón con su: ARRIBA ARRIBA!!

... no puedo fallarles, pienso que en algún momento acabaremos de subir y en la bajada podré recuperarme algo. A unas malas, me pongo a trotar y espero al grupo de Floren, y acabo junto a él, Casero, Pedro y Juanan ... si soy capaz, claro.
Por si fuera poco mi calvario, el circuito se endurece con el adoquín. Definitivamente, las zapatillas no valen para nada en este firme, se me tuercen los tobillos decenas de veces; si, decenas, no estoy exagerando, de hecho, no se ni como no me lesioné seriamente. Ahora llueve, encima me resbalo en cada curva, en cada bajada.
Paso nuevamente por el acueducto. Se que nuestas acompañantes están ahí, gritando, animando, pero no puedo alzar la cabeza para buscarlas y ofrecer, al menos, una sonrisa. Voy demasiado preocupado de ver por donde piso. Voy angustiado. De nuevo aparece Atanasio. A él le recuerdo perfectamente, ya que invadía la calzada para animar y transmitir su fuerza. Tengo que seguir, me repito una y otra vez.

Recuerdo una avenida muy larga, cuesta arriba, voy muy despacio, casi a 5' el mil. Cuando se acaba soy capaz de tomar algo de aire, intentar centrarme en lo que estoy haciendo y poner de nuevo a prueba mi cuerpo. Tengo que saber si soy o no capaz de seguir corriendo con ganas. En pocos segundos me pongo a tirar con fuerza. Me duelen los cuádriceps en las bajadas, pero puedo soportarlo. Bajo el ritmo controladamente en las subidas, pero las culmino con fuerzas, giro, freno, acelero, adelanto corredores, otros me adelantan a mi, pero ahora he vuelto, se lo que estoy haciendo, he despertado de una pesadilla que me ha llevado deambulando varios kilómetros.
Al paso por el kilómetro 17 miro el cronómetro y trato de hacer cálculos mentales sobre mi tiempo en meta. Un poco más atrás lo he intentado, pero la lluvia sobre el garmin me impide ver con claridad los dígitos. Mi primer cálculo me lleva a 1:27, uf, que mal! sigo con fuerza, esto no puede ser.
Pasamos por una plaza y los corredores que llevo delante se paran, giran, buscan la salida, yo paro detrás de ellos hasta que alguien nos indica: por aquí!! lo que faltaba, otro frenazo y otro acelerón. Hay muchas calles en las que no hay nadie de la organización y cuesta seguir las flechas del pavimento.

La carrera se está acabando y curiosamente, después de lo que he sufrido, pienso que se me va a quedar corta. Mis últimas cuentas me ponen en menos de 1:26; en el km 20 veo que voy a estar muy cerca de 1:25 y acelerando fuerte, pero sin darlo todo (prudentemente), cruzo el arco de meta (Acueducto) en 1:24:45.
El resto de la crónica sería como el resto de carreras, trote, estiramientos, ducha... si no fuera por un pequeño detalle: formo parte del mejor club de atletismo del mundo mundial, todos los componentes y acompañantes tienen un valor personal por muy por encima de la media y lo mejor que podemos hacer es juntarnos todos para celebrar que somos un grupo unido, lleno de buena gente que corre y se divierte a la par. La comida organizada por nuestro particular Cicerone (Ignacio) en el restaurante Duque, un lujo y compartirla con los laguneros no tiene precio. Gracias a todos por estar ahí, por ser como sois, no cambiéis nunca.
CLASIFICACIONES.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Maldito Murphy.

Maldito Murphy, maldito tu y malditas tus leyes.

    Habrá maratón. Madrid. Por fin tengo la inscripción. La semana pasada ya fue la primera dedicada al entrenamiento específico. El reto será bajar de 3 horas. Un gran reto, y más en Madrid.
    Ayer comentaba con el amigo Casero que tengo buenísimas sensaciones. Tanto los rodajes como los días de calidad de esta primera semana han sido excepcionales. Los ritmos en su justa medida, incluso permitiéndome la licencia de ir más rápido, pero sin acusarlo. La recuperación de lujo. Sin embargo, hoy Murphy ha querido empañar mi optimismo; me visto de corto, perparo una camiseta fina para las series, confiando en que hará buen día, pero la mañana se ha nublado, sopla viento frío. Comienzo a calentar (tocan 5 kms) y las piernas están heladas, pesadas, casi doloridas. Pienso que esa sensación se irá a los pocos minutos, y menos mal que se ha cumplido, pero el frío viento que atraviesa el parque y que ningún árbol es capaz de detener me lleva "alicortado".
    Cuando llevo ya seis vueltas (3 kms) unos nubarrones negros de tormenta amenazan mis miles. Cambio de planes sobre la marcha; si esto sigue así, caliento solo un kilómetro más y paso de miles, me hago un ritmo a 4' 'pelaos', si puedo 6 kms.
    Dicho y hecho. En el cuarto kilómetro del calentamiento empieza a chispear. He metido la mochila con la ropa seca en el coche (menos mal) y tan solo he dejado la botella de agua afuera. Sin descanso, sin progresivos y sin pensármelo dos veces, comienzo mi ritmo.
    El inicio de cada vuelta es con el viento en contra. La primera recta es horrorosa. Las piernas congeladas, no puedo ir rápido, sopla el viento cada vez más y lo que en un principio me parecía agua-nieve se queda en tan solo lluvia, de costado. El primer mil lo hago en 4'05", pero nada agusto.
    En este momento se me viene a la cabeza la conversación que tuvimos anoche por whatsapp. Mis compañeros del club saben que me tomo en serio estos entrenamientos, que soy constante y eso hace que logre mis metas. Es hora de demostrarlo. Poco a poco voy aumentando el ritmo, pero todavía por encima de 4' el mil. En el segundo kilómetro llueve. Voy chorreando de agua, congelado. Pero esto no podrá conmigo, estoy decidido a cumplir, ya pueden caer chuzos de punta. Tercer kilómetro, duro pero en progresión, ya voy rondando los 4'00". Cuarto km y deja de llover fuerte. En el quinto casi ni chispea y el sexto lo hago en seco. He sido capaz de acelerar poco a poco, marcando un último mil en 3'48", para dejar el cronómetro parado en 23'45", cumpliendo con mis expectativas.
    Sale el sol y no dejo de maldecir a Murphy y sus leyes; si hubiese venido 30 minutos más tarde a entrenar habría podido hacer los miles, en seco. Como he perdonado un kilómetro en el calentamiento, decido trotar uno más para volver a la calma, o sea 4 en lugar de los 3 previstos (que luego todo sale...).

lunes, 10 de febrero de 2014

¿Tendremos Rock’n’Roll?

Todo maratoniano que se precie odia y ama los 42 kilómetros y 195 metros por igual. Mientras corres, si te asalta el tío del mazo, lo odias profundamente, solo quieres acabar, cuanto antes; y el único pensamiento que ronda por tu cabeza es el de no repetir jamás. Pero una vez has terminado, cuando te sientas a la mesa con tus acompañantes y tus compañeros de carrera, ya estás diciendo ¿Cuándo es la próxima?.
Pero el camino a recorrer es muy largo; y no me refiero solamente al día de la prueba. Es en esta parte donde quiero mostrar mi descontento con la organización del maratón de Madrid. Básicamente mi crítica va dirigida al precio de la inscripción, bajo mi punto de vista, abusivo. Cuanto más se acerca el día de la prueba, más te cobran. Y eso no es nada justo.
Me explico. Entrenamos durante todo el año. Tenemos “picos” de forma, objetivos a los que ponemos más o menos interés, pero hablar de maratón son palabras mayores, al menos para el tipo de corredor popular al que la mayoría pertenecemos. Nos podemos presentar a casi cualquier carrera con poco entrenamiento, sin seguir un plan específico, incluso con alguna molestia a nivel físico, que la terminaremos rodando tranquilamente sin mayores problemas. Pero el maratón requiere más, mucho más. Constancia, entrenar cuatro o cinco días a la semana. Asimilación, no pasarte de rosca, respetar descansos para que todos los entrenamientos sumen. Sacrificio, algunos días no podrás irte de fiesta si quieres rendir a la mañana siguiente, son horas que también restas a la familia. Por otro lado, habrá muchos días en los que se entrena solo. Esta época del año se caracteriza por su mal tiempo, viento, lluvia, nieve… son cosas que no nos acobardan en  absoluto, pero dificultan nuestra práctica.
En resumidas cuentas, para llegar en buenas condiciones a la línea de salida deben sucederse muchos factores y no se puede pretender que por ahorrar un buen dinero, tengamos que inscribirnos seis meses antes. No hay más que ponerse a leer en los foros de atletismo para ver la frustración del corredor que, a unos días de la carrera, o incluso un par de meses antes, tiene que revender o regalar su dorsal porque se ha lesionado y no podrá participar.
Este año, como los anteriores en los que he participado, pretendo aprovechar la oferta de una marca que, al comprar alguno de sus modelos de zapatillas de temporada, te “regala” la inscripción (pero las zapas no son regaladas, precisamente).

Mientras tanto, aquí seguimos, entrenando casi a diario, rezando para no lesionarnos y poder hacer un buen papel en Madrid. Los más osados intentaremos romper la barrera de las 3 horas, el resto, por su parte, tendrá que acumular los cientos de kilómetros que refleja el plan del “maestro Uti”. Todos y cada uno, sin duda, daremos lo mejor de nosotros mismos, dignos portadores del nombre de nuestro Club de Atletismo, Las Lagunas de Villafranca.

Cada kilómetro recorrido es un paso más hacia nuestro objetivo. Los días que formamos grupo serán divertidos, nos sabrán a poco. Los días solitarios forjarán nuestro corazón, nuestras piernas, nuestra confianza para abordar algo que para muchos será solo un sueño inalcanzable, el maratón.

martes, 28 de enero de 2014

VI CROSS RUFINO GALAN, CAMUÑAS



La de hoy ha sido mi segunda participación en esta prueba, y al igual que hice en 2011, también he venido sin dormir, después de haber trabajado durante toda la noche del sábado. En el momento de escribir esta crónica, estoy convencido de que no merece la pena hacer este tipo de sobreesfuerzos. Tomo nota y espero acordarme.
Ahora la carrera.
Antes de nada, quiero resaltar la buena labor organizativa de nuestros vecinos. Le ponen cariño, se lo curran bien y el resultado es muy bueno, felicidades.
Con muy poco retraso, comienza la carrera de Ali. Es el mismo circuito que hace tres años, ya lo conoce bien y sale reservona. Antes de terminar la subida a las ruinas ya ha adelantado a algunos corredores y en la bajada da buena cuenta de alguno más. Termina muy cansada, aunque es la única participante de su categoría, se ha empleado a fondo. Otra copa más para mi campeona.

En cuanto llega el último participante se da la salida a nuestra carrera. Hay mucho “galgo”, hoy veo claro que no tengo opciones, y le propongo a Uti acompañarle para ver si consigue podio en su categoría. Se niega rotundamente, arrastra mucho cansancio esta semana y no se ve fino. Serán entonces Floren e Isidro los que intentarán llegar por delante de mí, algo que casi consiguen, por cierto. ¡Están fuertes el par de fichajes! Casero irá más tranquilo, haciendo de liebre a Sara y Resu. Pero el gemelo de Resu no estaba hoy por la labor y le ha jugado una mala pasada, haciendo que pierda varios minutos en carrera.
Tras el pistoletazo de salida, lo de siempre, estampida de valientes. En los primeros 200 metros ya se van desfondando muchos de los corredores que salen más rápido de sus posibilidades, la calle está empinada y pone a cada uno en su sitio.
Pasamos al lado del depósito del agua, ahora viene un falso llano en el que comienzo a rebasar atletas. Uno tras otro van cayendo hasta la base del cerro de las ruinas. Llevo delante a la primera mujer, pero antes de terminar la primera subida la adelanto sin demasiadas complicaciones. La bajada me cuesta horrores, hay mucha piedra y pretendo ir rápido, no es compatible una cosa con otra. Trato de recuperar el aliento entre los olivos para poder acelerar en el camino de regreso al pueblo, cosa que consigo con facilidad.
Veo por delante mucha gente, me lo voy a tomar con calma, no tengo opciones a podio. Paso la primera vuelta en la posición 32 de la general (he visto un video que lo corrobora) y comienzo la segunda subida. Bajada de ritmo y concentración. El ritmo medio es de 4’07” el mil.
A partir de ahora, adelantar será más difícil. Tampoco voy a darlo todo, ya que la cuestecilla de marras te deja completamente KO si te excedes lo más mínimo. Tan solo supero a los que comienzan a desfondarse y no pueden mantener el tipo.
Unos metros por delante distingo a Maxi, un conocido villacañero que está muy fino últimamente. En la Sansil Villacañera llegó justo delante de Fillo, y hoy pensaba que también me ganaría a mí. Pero poco a poco voy reduciendo la distancia que nos separa, lo que me hace animarme y subir con ganas la segunda vuelta, para intentar pillarlo en la bajada hacia el pueblo.
Dicho y hecho. Antes de completar la segunda vuelta me pongo a su lado, le saludo y le hago un pequeño cambio de ritmo para ver si me aguanta o puede quedarse conmigo. Va tocado y se queda algo detrás, pero no muy lejos, ya que comienza la tercera subida y vuelvo, prudentemente, a tomármelo con calma. A pesar de ello, sigo adelantando todavía a algún corredor más. No he podido contar cuantos han sido después de la primera vuelta, pero calculo que unos cinco o seis. El ritmo medio ahora es de 4’10”.
Tercera y última subida, hay que mantener el tipo. Conozco bien mis fuerzas, sé hasta dónde puedo llegar … o no. Corono las ruinas con la reserva encendida, algo mareado y con el rostro desencajado, miedo me da ver las fotos que hacían allí arriba. Giro la cabeza y veo a Maxi muy cerca. Se me enciende la vena competitiva, no puedo dejarme atrapar. Pero la cabeza “se me va”, me he pasado de rosca (recordad que no he dormido) y me da la impresión de ir demasiado lento.
Llegamos a las olivas, justo antes del camino de vuelta y vuelvo a tomar referencias de mi más inmediato perseguidor; ha desaparecido, he podido con él, ¡bien!. Ahora toca el último esfuerzo, dar caza al que llevo delante de mí, unos 20 metros.
Queda aproximadamente un kilómetro de carrera, cuesta abajo, tengo que intentarlo. Si, lo sé, es algo absurdo ganar un solo puesto cuando vas el ‘veintitantos’, pero a ver quién es el guapo que me sujeta … en el primer achuchón miro el garmin y veo que voy a 3’35’’, venga, que eso no es nada, tú puedes ir más rápido. Segundo achuchón y lo alcanzo, acelero algo más para que no me siga, voy por debajo de 3’30’’ unos metros y trato de mantener esa velocidad hasta la meta. Al final llego por delante, parando el crono en 29’49”.
Cansado, no, agotado es la palabra adecuada, pero satisfecho con mi carrera. Os dejo unas fotos y editaré cuando encuentre las clasificaciones.