jueves, 25 de diciembre de 2014

Sueños, decisiones.

Justo en ese momento que no es de nadie, cuando ya se ha escondido el sol, pero su luz sigue llegando, cuando ya se ven las primeras estrellas, pero todavía no es de noche, justo entonces me calzo las zapatillas y consigo vencer a la pereza, al dolor de cabeza y, rompiendo las cadenas que me atan al sofá, que en estas fechas de opíparas comidas, es el mejor amigo del hombre, salto a la calle, con el mejor destino que en este pueblo puede encontrarse.
 Es Navidad, pero eso no importa. Hemos cumplido sobradamente con la familia, todo el día juntos. Ahora es mi momento, me lo he ganado.
Algunos paisanos ya vuelven de las lagunas, empieza a hacer frío. Saludo a casi todos; aunque conforme voy, con el gorro y la cara tapada, dudo que me conozcan. Juanjo me devuelve el saludo llamándome por mi nombre. Normal, ha sido corredor y estoy seguro de que ya sabía quién era el "loco" que subía por el paseo a esas horas solo con ver su forma de dar zancadas.
Las piedras, las malformaciones del terreno, los tarays ... nada hace que mi pensamiento se distraiga. Voy pensando en futuro, en un objetivo para el año que viene. Este ha sido relativamente bueno. He logrado algo con lo que nunca hubiera soñado, pero después he estado casi todo el verano sin poder correr. Necesito tomar una decisión, pero ésta no llega. Ojalá tuviese la confianza necesaria para tomarla, tanta como la que llevo mientras corro en la oscuridad. Cualquier obstáculo en mi camino podría haber acabado en una lesión bastante fea, pero casi ni miro al suelo; prefiero la imagen que me brinda el reflejo de las estrellas en las lagunas. Que bonitas son. Voy primero hacia el lado derecho, luego al izquierdo y finalmente, regreso por el mismo camino que me ha llevado hasta allí.
Tengo un sueño, pero me falta un pequeño impulso para intentar hacerlo realidad. Vuelvo sin una decisión tomada.
Escondida entre los árboles, una tímida luna creciente muestra su cara. Me hace un guiño y se hace dueña de mi corazón. Con qué facilidad he sucumbido. Le he prometido volver, con la esperanza de que ella me ayude a resolver, a ser más valiente. Quizás mañana.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Carrera de Navidad Puerto Lápice, 2014.

Como viene siendo habitual, acudimos a Puerto Lápice para correr en su competición Navideña. Una carrere hecha desde el cariño para pasarlo bien, más que para disputarla. Muchos paisanos la hacen disfrazados, dando un toque de humor que siempre viene bien.

En esta edición se ha conseguido una buena puntualidad, cosa de agradecer. Pero lo que es bueno para todos resultó casi un desastre para los que habíamos demorado el calentamiento, dejando, en mi caso, tan solo 1800 metros corridos. Mis compañeros hace más o menos lo mismo; Ali, como siempre, a su aire, Uti a mi lado y JuanJe con su niño, preparándolo para su carrera.
No hay chicas de la categoría de Alicia, así que, igual que el año pasado, correrá con nosotros. Se ha estado informando y dice que tratará de conseguir podio en la general, pero que le va a ser difícil.
Por mi parte, el resultado es una incógnita total; si bien he entrenado agusto y sin dolores un par de semanas, se me antoja haber acumulado muy pocos kilómetros, y de poca calidad, pero aquí tengo un tercer puesto y este año no han venido los dos primeros ... empiezo a soñar con otro podio.
Ya en la línea de salida, tengo a mi lado a un par de corredores de Madridejos (uno de ellos sabemos que ha sido muy bueno en carreras de 800 metros, del otro no sabemos nada). También durante el calentamiento hemos visto a Antonio Layos (hijo). Está muy fino, seguro que gana hoy.
Los de Madridejos bromean y se dicen "no salgas muy deprisa, que nos vamos a quedar muy lejos", entonces, uno de ellos me mira de arriba a abajo y contesta: deja, deja, aquí hay gente que anda mucho ... jejeje, se ve que este veterano todavía tiene buena pinta...
Salida y estampida, cosa evidente en un 2000.
Con la cabeza bien fria, procuro no darlo todo en la primera recta, dejando a Antonio y uno de Madridejos en cabeza, detrás vamos un grupo de cuatro o cinco. Durante la primera vuelta me coloco al final del grupo, controlando que ninguno se escape. Los dos primeros ya nos sacan bastantes metros. Pero al comenzar la segunda vuelta, uno del grupo comienza a tirar. Me pego a él, sin adelantarlo. Enseguida se da cuenta y me hace señas con la cabeza, pero prefiero quedarme atrás, yo tengo un buen final y no voy a malgastar ni una gota de esfuerzo inútilmente.
En el primer giro de la segunda vuelta alargo la zancada y me coloco tercero, pero escucho pasos y respiraciones entrecortadas detrás de mi, no voy solo y me va a costar mucho mantener la posición.
En el siguiente giro el corredor al que había seguido ya no está, pero en su lugar aparece el otro de Madridejos. Se pone a mi lado y juntos completamos la segunda vuelta. En un rápido movimiento de muñeca miro el crono 4'40"; eso es una media de 3'30" el kilómetro. Pienso que es demasiado fuerte y, aunque voy bastante bien de pulmones y piernas, algo dentro de mí dice que siga controlando y no me precipite en mi último "arranque".
Antes de llegar al primer giro nos adelanta otro corredor con una facilidad asombrosa ¡parecía que estábamos parados!. Esto hace que me derrumbe momentáneamente y deje de pensar en el podio. Enseguida el de Madridejos se pone a su lado y yo hago un esfuerzo y los alcanzo en el giro.
Empieza la penúltima recta, Madridejos acelera, yo le sigo y el otro se queda. Bajamos muy deprisa y le comemos muchísimos metros a los dos primeros, tanto que pienso que puedo conseguir incluso la segunda posición.
Pero, ¡ay, amigo!, esto es un 2000, apenas queda un giro y 150 metros ... y los otros tienen así como 20 años menos que yo... En el giro doblamos a varias chicas, tengo que sortearlas, pero no me estorban. Lanzo mi ataque (el Garmin dice que iba a 2'44", cada uno que piense lo que quiera jajaja), alcanzo al de Madridejos que va tercero (el segundo ha espabilado y es imposible pillarlo), pero al llegar a su lado suelta un cambio demoledor al que no puedo responder. Entro pisándole los talones, a menos de un segundo, pero en cuarto lugar, medalla de chocolate.
Mi tiempo en meta es 6'56", dos segundos más rápido que el año pasado. Antonio, el ganador, ha cruzado tan solo 10 segundos antes. Varios espectadores nos felicitan y nos dicen que el final ha sido espectacular, ya que íbamos todos muy juntos disputando los puestos de cabeza.
En sexto lugar llega JuanJe y Uti en octavo, algo mareado. Poco después llega Ali, disputando el tercer puesto de la general femenina con otra chica mayor que ella. A pesar de su esfuerzo llega cuarta, pero muy contenta.
Sin perder ni un minuto, detrás del último nos vamos todos a la carpa a la entrega de trofeos y a comernos las tortas con chocolate.
La sorpresa final resulta ser que la cesta del sorteo le toca a Ali, mejor imposible.

lunes, 6 de octubre de 2014

XVIII Media Maratón Alcázar de San Juan, 06-10-2014

Ya he perdido la cuenta de las ediciones que he participado en esta preciosa carrera. No me cansaré de recomendarla a todo el mundo, ya que la organización se vuelca con los corredores y el circuito invita a ir rápido y buscar marca personal. Este año creí que no podría correr, ya que he pasado todo el verano lesionado y con muy pocos entrenamientos. De hecho, desde el mes de junio, la distancia más larga que había entrenado no llegaba a 15 kms. Pero las buenas sensaciones en los entrenos de calidad me hicieron envalentonarme y probar suerte.
La noche del sábado duermo de lujo. Aunque estuve toda la tarde de barbacoa en casa con la familia, supe contenerme y no comer demasiado; me acosté pronto y descansé, no se puede pedir más.
Al café nos juntamos casi todos los que íbamos a correr, además de algún acompañante, o sea, Mónica, Uti, Floren, Ignacio, Fillo, Casero, Juanan y yo. También algunas chicas del pueblo vinieron con nosotros para hacer la carrera de la mujer, con un buen resultado.

La recogida del dorsal se ha convertido en un ritual en el que buscamos caras conocidas para saludar y preguntar ritmos, entrenamientos, dolores ... o sea, las mil historietas (la mayoría mentirijillas) que nos contamos entre corredores. Entre la multitud aparecen nuestros amigos Vanessa y Julio. Nos comentan que no van a competir, pero una vez con el dorsal puesto, Julio no supo resistirse y salir a todo trapo.
Breve calentamiento y a la línea de salida.
Me pego a Uti. La idea es salir cómodos hasta el Hospital y luego buscar un buen ritmo de carrera, tratando de parar el crono al final en menos de 1:27. La primera parte sale de libro, después no somos capaces de ir más rápido de 4'10" el mil, ya que el sol pega de lo lindo y las piernas no nos responden.
Enseguida llegan por detrás Ignacio y Floren, y entre bromas nos dicen que así no logramos el objetivo propuesto. Ellos planean ir más despacio, pero no se despegan de nosotros...¿qué estarán tramando?

Antes del paso por el quinto kilómetro ya empiezo a llevar malas sensaciones. Voy congestionado, no puedo respirar bien y sudo muchísimo, teniendo que limpiarme los ojos cada dos por tres, echo de menos la gorra. Últimamente no me la pongo para que se me reconozca en las fotos, pero he aprendido bien la lección, es un complemento que uso casi siempre que entreno y a partir de ahora va a primar mi comodidad.
El kilómetro 10 lo pasamos en unos 42 minutos. Noto que poco a poco me voy apagando y por mi cabeza solo ronda el pensamiento de que no podré llegar a ese ritmo a meta. Es demasiado rápido, seguro que me voy a desinflar y terminaré andando...
En la rotonda de la grulla están nuestros acompañantes animando, subiendo la moral; pero yo tengo un pequeño hueco que no se llena, a pesar de las ganas que ellos le ponen. Es como si hubiese llegado al famoso muro del maratón, pero en tan solo diez kilómetros.


 Y en ese punto decido, con todo el dolor de mi corazón, dejar solo a Uti. Espero unos segundos a Floren e Ingacio y me pego a ellos. La primera impresión no es buena. Vamos tan solo a unos 10 metros de nuestro compañero y entrenador, llevando el mismo ritmo. Entonces me digo a mí mismo ¿que narices haces, dejas solo a Uti para seguir corriendo igual de rápido?
He participado en muchas carreras. En la mayoría de ellas me he entregado al máximo. Pero el domingo no era capaz de sacar de dentro lo necesario para terminar dignamente con mis compañeros. A pesar de todo, les aguanto unos 5 kilómetros más y nuevamente en la rotonda de la grulla me doy por vencido, terminaré solo, sin sufrir lo más mínimo.
No quiero ser un lastre para ellos, así que después de coger una botella de agua en el último avituallamiento aflojo un poco y los dejo marchar. Me tomo unos segundos para respirar y tratar de buscar algo que me motive para no perder la concentración y acabar parándome y sentándome en una acera.
Enseguida empiezan a adelantarme muchos corredores. Con algunos hago la goma, pero termino quedándome atrás. Trato de respirar acompasadamente con mis zancadas. Noto que el corazón no va más rápido de la cuenta, pero no miro el Garmin nada más que para comprobar el paso por cada kilómetro, nada de pulso, ya lo veré en casa, delante del ordenador.
Sobre el kilómetro 18-19 me adelantan una mujer y sus dos liebres. La pobre va sufriendo, pero la llevan en volandas con sus ánimos. Intento pegarme a ellos, pero lo descarto enseguida, no voy a sufrir lo más mínimo.
Este pensamiento sepulta cualquier intento de ser competitivo. En cuanto me acelero un poco, algo dentro de mi dice STOP, más despacio. Y no puedo vencerlo, hoy no.
Hago los últimos cálculos sobre el crono final, algo menos de 1:29 si acabo a 4 minutos el mil... ¡ja! ni de coña.
Ni sprint final, ni grandes zancadas, ni tratar de arañar un segundo ... me dejo caer hasta meta.
Al menos hay algo bueno al terminar: me esperan Floren e Ignacio, ambos han rebajado sus mejores marcas en la distancia. Su alegría por fin acaba con mi derrotismo y en lo que queda de jornada todo son risas y derroche de compañerismo. Hermanito, siento mucho haberte tenido toda la carrera con el bidón de agua, espero poder recompensarte ;-)
El próximo objetivo será el 10000 de Socuéllamos. Si todo va bien, será un test de mi estado de forma para decidir cual será el siguiente maratón.



lunes, 25 de agosto de 2014

XVIII Carrera Popular Las Lagunas de Villafranca, 24-08-2014.

Llegó el día grande del Club Atletismo Las Lagunas de Villafranca, y yo lesionado. Hasta el último momento no decido si participar o quedarme en meta. Las buenas vibraciones que me daba el vendaje Kinesio hacen que me decante por correr, acompañando a mi hermano.
Pero antes de empezar a contaros mi carrera, tengo que mencionar, forzosamente, la labor del club para nuestra gran cita. Quizá suene a tópico, pero la realidad es que hemos sabido funcionar como una maquinaria perfecta, consiguiendo que cada cosa estuviese en su sitio, que cada carrera comenzara a su hora, que a nadie le faltara de nada. Y todo eso se consigue con muchos voluntarios. Y si añadimos que esos voluntarios le ponen ganas y corazón a lo que hacen, sobran las explicaciones. Todos contentos.
Y como no mencionar a nuestros patrocinadores. Desde el más modesto al más grande, aportan con gusto su grano de arena para lograr una bolsa del corredor fantástica y un sorteo post-carrera como no puede verse en ningún otro sitio ni evento deportivo, haciendo que el pabellón polideportivo se llene hasta la bandera.
Por otro lado, además de los maravillosos atletas que han participado, viniendo de unas 70 localidades diferentes de España, hemos contado con la presencia de Julio Rey y Vanessa Veiga, que nos han dejado sin palabras, ya que, además de participar competitivamente (Vanessa lo demostró ganando y rebajando el récord de la prueba), nos mostraron que además de élite en atletismo, lo son en persona, donando una equipación de Vanessa para el sorteo y acompañándonos en la comida del club en las lagunas. Y siempre, en todo momento, con una sonrisa dibujada en su cara (se ve en el millón de fotos que nos hicimos con ellos). Sus hijos geniales, para comérselos ;-)


La foto con Julio todavía no la tengo, ya la subiré jeje.
Ahora si, vamos a correr:
Ritmo previsto: 5' el mil (o un pelín menos)
Compañía: la mejor, mi hermano (también se nos unió el compañero Jose, como en La Guardia).
Sensaciones: ideales, voy a disfrutar, si o si.
Se me hace ya raro colocarme en la salida de la mitad para atrás, pero hay que ser objetivo y no se debe molestar a los galgos, que hoy toca ser ... menos galgo jejeje. Apenas sin calentar, comenzamos nuestra prueba. Desde las primeras zancadas vamos al ritmo previsto, metidos en el grueso del pelotón, sin empujones, ni adelantamientos raros. El público que nos encontramos a la ida hacia las lagunas parece algo dormido, esperemos que a la vuelta hayan despertado, que los gritos y aplausos son ideales cuando vas terminando!.
Pasamos el primer kilómetro por debajo de 5 minutos. Pregunto a mis compañeros y, como no, van tan frescos. Ya en el camino comenzamos a adelantar a algunos y entre bromas y saludos, nos colocamos en las lagunas. Ahora podremos ver quién va en cabeza y si nuestros compañeros más fuertes están entre ellos.
A cada corredor que nos cruzamos le gritamos con ganas ¡ánimo Julio!¡venga Julio!, pero ninguno de ellos es Julio Rey, ya que hoy le hará de liebre a Vanessa. Enseguida aparece Alba Reguillo, encabezando a las féminas, y justo detrás nuestra pareja invitada. Y yo, con tanto grito que había dado, cuando llega el momento, me sale un gallo por la garganta... en fin, cosas que pasan.
Nos cruzamos también a Javi, Fillo, Ignacio, Floren, Uti, Jesús, Jose Luis (Lili), Casero ... casi todos!! y a cada uno de ellos, su correspondiente grito, ¡vamos! (por la tarde apenas podía hablar).
Pasamos a la zona de baño, y a cada cámara que veo, hago el tonto; que si un saltito, que si un gesto forzado ... es lo que tiene ir desahogado corriendo, te salen todas esas cosas sin  querer.
Vuelvo a preguntar a mi hermano por las sensaciones, y aunque me contesta que bien, creo que lo llevo algo "justito". Luego me dijo que no, que iba bien, pero que cada vez que nos cruzábamos con un lagunero yo me aceleraba y tenían que esprintar para alcanzarme ... si es que ... me puede la emoción...
Bajamos un pelín el ritmo hasta el km 6, donde está el segundo avituallamiento y como viene siendo tradición, después de San Isidro, apretamos.
Me presto a llevarle la botella de agua a mi hermano, voy muy bien de pulmones, lo que se dice sobrao, pero el gemelo me está dando un pequeño aviso. Trato de no hacer caso y rezo porque se quede en eso, en aviso, pero medio kilómetro después ya no es aviso, es dolor.
Antes de provocarme un daño peor, le devuelvo la botella a mi hermano y me freno en seco, terminaré los dos últimos kilómetros andando.
Cualquiera habría ido cabizbajo, de mal humor, cabreado ... pero yo solo me centro en animar a todos los que me sobrepasan. Cuando llego al pueblo, todos los vecinos me preguntan y claro, me paro a explicarles que voy lesionado, que si no, iría de los primeros (jijiji).
En San Marcos está mi padre esperando, su cara lo dice todo (pobre hijo mío). Me da los últimos ánimos y encaro la recta de Meta.
El ritmo es de vértigo ... uy, no, si voy andando ... 
Me da "cosa" acabar andando y pruebo a trotar un poco. Por suerte no me molesta y a ritmo cochinero cruzo la Meta. Todos me preguntan al verme llegar tan tarde y me desean que me recupere pronto ¡gracias!.
¿El tiempo?, pues claro que os lo digo, si siempre lo hago!: cincuenta y tantos minutos (paré el garmin en el 7 y no encuentro el tiket de crono3), o sea, casi a 6' el mil de media, mi peor resultado en el pueblo. ¿Triste?¡en absoluto!, mi meta era llegar por delante de mi compi Montse y lo he conseguido jejeje (enhorabuena también a ti, campeona).
Después, hablando con los compañeros del club, me cuentan que todos han hecho más o menos lo esperado, contentos en general.
Llega el turno de Ali. Hace ya mucho calor y todos lo van a pasar mal, pero son unos valientes y su espíritu competitivo les hará correr con ganas. Encabezando la clasificación femenina juvenil llega Sara, que se impone con un gran esfuerzo, después otra chica y Ali es tercera. Ya tiene otro trofeo (muchos más que su padre).
El resto del día, continúa como esperábamos, entrega de trofeos, sorteo, comida excepcional (acompañados de Julio y Vanessa). Y todo, con el mejor grupo de personas que uno se puede encontrar en el mundo, l@s laguner@s.

martes, 5 de agosto de 2014

I Carrera nocturna de La Guardia (Toledo)

Tras un caótico verano en el que no voy a ser capaz de ponerme en forma, bien sea por una causa o por otra (lo peor, la lesión del gemelo), decido ir a participar en La Guardia el pasado 1 de agosto. En realidad, la decisión fue de Ali, quería correr allí y yo no iba a quedarme en casita.
Tan solo he podido entrenar dos días con anterioridad, miércoles y jueves (la carrera es el viernes), por lo que decido hacerla a unos 5' el mil, no sea que el gemelo recaiga. Antes del calentamiento me encuentro a un compañero que se anima a hacerla conmigo, perfecto.
Las carreras de los más jóvenes son caóticas. Lo siento, pero no encuentro una descripción mejor. No se puede dejar todo el peso de la organización en una sola pesona, que, por muy experto que sea, siempre necesitará ayuda, la cual brillaba por su ausencia.
Pero tampoco vamos a deslucir esta prueba, ya que la localidad, a pesar de haber sido la primera edición, tuvo una buena acogida, encontrando público en bastantes zonas del recorrido.
Alicia fue la primera lagunera en participar. Su prueba era muy corta, tan solo 1200 metros, y no pudo alcanzar el podio al no controlar todavía estas distancias. Eso si, luchó en un apurado sprint final con la tercera participante.

Poco después salimos los adultos: Mónica (primera senior), Bienve, Antonio Layos, Uti, Juan, Ignacio y un servidor.
Nos colocamos los últimos del todo para salir, prefiero ir tranquilo desde el principio y tener buenas sensaciones mientras voy adelantando gente. Así parecerá que voy rápido, aunque en realidad, el ritmo previsto sea lento. Pero desde los primeros metros mi acompañante empieza a tirar de mi. Le advierto enseguida que no quiero jugármela, que prefiero ir más despacio, al menos hasta completar la primera vuelta. Luego, si me veo bien, quizá acelere un poco.
Cada vez que pasaba por debajo de una farola miraba el Garmin. Todo el rato por debajo de 5'. Entonces decido cambiar la pantalla y ver sólo las pulsaciones, así no le doy vueltas a la cabeza.
En cada calle vamos adelantando corredores, desde el principio. Eso te da un buen subidón y te envalentona, quizás más de la cuenta. Y creo que es precisamente lo que le pasaba a mi compañero. Conforme sobrepasábamos a los demás, él aceleraba. Y yo con él.
Terminamos la primera vuelta. Mi gemelo no se ha quejado en ningún momento. Y a mi me empieza a hervir la sangre. ¿Pero que he de hacer para sujetarme? Mira que intento hacer las cosas bien, ser prudente, pero el llevar puesto un dorsal y saber que eres capaz de correr al menos un minuto por kilómetro más rápido, me nubla la razón y es entonces cuando comienzan a salir chispas de mis zapatillas (o como diría Casero, empiezan a chasquear las rodillas).
Desde el primer acelerón mi compañero me dice que siga yo, que él no va a ir tan rápido. Y es entonces cuando soy capaz de sujetarme un poco, frenar y seguir a su lado. Pero una cosa es lo que decida mi cerebro y otra muy diferente lo que mi cuerpo (que tiene memorizado el ritmo del maratón 4'15") hace. O sea, que sigo acelerando en progresión.
Lo bueno de la carrera es que cuando te quieres dar cuenta, se está acabando. Y así, cuando falta algo menos de mil metros, voy animando a Jose (mi compañero), para que intente acelerar un poco (más). Apenas puede ya hablarme, pero yo voy como en una nube. Es curioso como a esta velocidad voy mucho más agusto que cuando calentamos mucho más despacio, me encuentro en mi salsa.
Terminamos la prueba en 30'40". Son algo menos de 7 kms y mis sensaciones no pueden ser mejores.
Por un descuido de la organización (al no advertir adecuadamente que se habían agotado las inscripciones), decidí ceder mi dorsal a Antonio Layos, que no se había inscrito con anterioridad (anunciaban que se podía hacer el día de la carrera). Por lo tanto, no salgo en la clasificación.
¿La próxima? posiblemente Tembleque.

martes, 1 de julio de 2014

He subido grandes montañas...

    He subido grandes montañas. Otros ya lo habían hecho antes, pero eso no le quita mérito a mi esfuerzo. He corrido maratones, tampoco he sido el primero, pero fueron mis piernas las que compitieron. He corrido infinidad de carreras, en todos los rincones de este país. Mi sudor, mi respiración, mis zancadas...mi nombre, el que figura en cada inscripción, en cada clasificación ... mi nombre queda relegado a un segundo puesto cuando a continuación viene el nombre de mi Club de Atletismo: "LAS LAGUNAS DE VILLAFRANCA". No se puede estar más orgulloso de poder pertenecer a esta gran familia. La explicación es muy sencilla: un martes cualquiera, de un mes cualquiera, una propuesta de entrenamiento y ocho amigos nos juntamos para compartir caminos, risas, kilómetros, sol, viento, lagunas, experiencias. Empezamos todos juntos y acabamos todos juntos, al mismo ritmo, sin un mal gesto, sin una mala cara. Se de buena tinta que somos la envidia de muchos otros. Me lo dicen en otros pueblos: "vosotros estáis muy bien organizados". Y no es una casualidad, es, sencillamente, la suma de buena gente y buenas intenciones, nada más.
    El resultado salta a la vista.
    Seguiremos subiendo montañas, corriendo maratones, medias, diezmiles... y todo será mucho más ameno porque siempre entrenaremos al lado de un laguner@, con el que compartir rodajes, series y, de vez en cuando, unas cañas ¡como no!
Va por vosotros, gracias por ser, por estar, por correr.

martes, 24 de junio de 2014

III Carrera Corpus Christi en Camuñas, 21-06-2014.

     El pasado sábado se celebró la tercera edición de esta prueba, de la que ya podemos decir que se ha convertido en un clásico a disputar por los atletas laguneros. Todavía con algunas ausencias, unos por bodas, otros por lesión o por participar en otro lugar, conseguimos formar el segundo club más numeroso en corredores. Abrió la prueba la pequeña Celia, con una gran sonrisa, pero no mayor que la de sus progenitores viéndola con el dorsal puesto.
   A continuación el resto de categorías menores, en las que sólo llevamos a Alicia, que, al ser la única participante, y tras negociar con la organización, optó valientemente por correr con nosotros, dándole a elegir a ella misma la cantidad de vueltas que quisiera. Al estar para ella en principio de temporada y no haber acumulado suficientes kilómetros de entrenamiento, tras la segunda vuelta (4 kms), finalizó su carrera.
    Por lo que a mi respecta, después del parón de 13 días (desde el 3 de este mes), preferí tomármelo con relativa calma y salir a disfrutar. En un principio, me había buscado un compañero que, a la postre, sería demasiado rápido para mi objetivo, por lo que le di alas (nunca mejor dicho) y animé para que hiciese un buen papel representando al club (el susodicho es Ignacio, nuestra gran promesa). Mi decisión final fue la acertada, ya que Juanan sería el compañero ideal para lograr el equilibrio perfecto entre exigirle a él un buen ritmo y poder marchar yo sin forzar en exceso la máquina.
    Con estas intenciones nos colocamos casi al final del pelotón, para ir escalando posiciones gradualmente conforme discurría la prueba. Antes de llegar a la primera esquina ya van todos los de delante a un ritmo muy cercano a los 4 minutos por kilómetro. Prudentemente, refreno la marcha y sujeto a mi compañero, ya habrá tiempo de ir incluso más rápido. Apenas unos 300 metros después de la salida, las calles comienzan a tener un ligerísimo desnivel positivo que apenas se percibe pero que, si te dejas llevar por tus ganas de correr y tus pilas todavía al 100 %, pagarás bien caro, teniendo que ir mucho más lento de lo esperado o incluso andando en cuanto hayas comenzado a dar la segunda vuelta.
    Nosotros a lo nuestro, ritmillo cómodo, al "tran tran", subiendo la primera parte del circuito y acabando arriba sobre 4'35" el mil. En la bajada animo a Juanan a alargar la zancada, pero curiosamente, me dice que va casi mejor subiendo que bajando rápido, así que vuelvo a sujetarme y me quedo a su lado. En la siguiente y empinada calle repetimos estrategia, ritmo suave, cómodo y para arriba. Igualmente, nada más culminar, acelero suavemente.
    A estas alturas, antes de finalizar la primera vuelta, ya hemos adelantado a mucha gente, algo normal si llevas un buen ritmo, pero sin haberlo dado todo desde el principio. Al pasar por el arco de meta miro el crono 8'07" (el gps dice que hay 1'9 kms en cada vuelta), de media 4'17". Se lo digo a Juanan y contesta que es un ritmo muy bueno para tratarse de un circuito difícil, con cuestas y giros pronunciados. Por mi parte le aseguro que no vamos a ir más lentos, si no que, casi con total seguridad, iremos más rápidos al final.
 
   Poco después del primer paso alcanzamos a Alfonso. Le invito a acompañarnos, pero el pobre es uno de los que hablé al principio, salió desbocado y ahora va "echando el gofe". Comienza la subida y nosotros, prudentemente, despacito desde el primer metro. Aun así, seguimos adelantando a otros corredores. Varios de ellos ya van andando, señal inequívoca de que han soltado toda su fuerza en apenas tres kilómetros de carrera. Tranquilos, pacientes, sin prisa, pero sin pausa, completamos la segunda vuelta, en un tiempo exactamente igual a la primera.
    En esta vuelta decido coger una botella de agua en el avituallamiento, ya que el calorcito me está dejando la boca seca y no vendrá nada mal refrescarse un poco para aguantar el último empujón. Le ofrezco a Juanan, pero la rechaza, va sobrado. Sin decirle nada, aumento ligeramente el ritmo y mi compañero aguanta sobradamente lo que le eche. Subida, aflojo, bajada, aprieto, es sencillo ¿a que si?
     Desde hace varios centenares de metros llevamos por delante a Isidro y a pesar de que le vamos recortando poco a poco la distancia que nos separa, no somos capaces de alcanzarlo. De hecho, a falta de unos 200 metros para llegar a meta animo a mi compañero y a Ismael (que acabamos de alcanzar), para intentarlo, pero nos es imposible; resulta que nos ha escuchado y decide plantarnos cara, así que no hay nada que hacer. Este último esfuerzo nos ha hecho terminar la tercera y última vuelta más rápida que las dos anteriores, parando el cronómetro en 24'08", todo un logro para ambos.
    El resto de laguneros lo ha hecho de lujo. Fillo noveno de la general y quinto de su categoría, Ignacio 12º de la general y quinto senior, Floren 19º de la general y noveno de su categoría, Isidro 31º de la general y detrás de él Ismael, Juanan y yo. Poco después entra Alfonso y a continuación Bienve, que ha venido a rodar suave, ya que en pocos días tiene un gran reto con su hija Mónica.
   Y ahora toca hacer una mención especial a mis sobrinos Verónica y Miguel Ángel, que se han estrenado en el mundo de las carreras debutando en Camuñas. Hay que felicitar especialmente a Vero, ya que consiguió ser la 2ª clasificada en su categoría.







domingo, 11 de mayo de 2014

XXXI Carrera Popular de Manzanares, 10-05-2014, 10 kms.

Quizás antes de la cuenta retomo mis entrenamientos después del maratón. Es lo que se me viene a la cabeza cuando me comprometo a hacer de liebre en esta carrera para Floren y Casero, pero la ocasión merece la pena y por mis compeñeros hago lo que sea necesario.
Después de verlos entrenar en el parque, haciendo "miles", no tenía ninguna duda, ambos son capaces de bajar de 40 minutos en 10000. Todavía hoy estoy convencido de ello. Por mi parte, pude hacer unas series con ellos a ritmo de carrera el martes pasado. Todo perfecto, van sobrados, de hecho, tuve que ir sujetándolos para que no se desbocaran.
Pero ayer en Manzanares no hacía la temperatura conveniente para correr. Es el primer día con calor que competimos esta temporada y aunque la mayor parte del circuito transcurre por las sombreadas calles de la localidad, el ambiente era sofocante. La única parte buena es que estaba nublado y al menos el sol no achicharraba.
Fuimos un buen grupo: Floren, Casero, Jose Luis, Ismael, Alfonso y un servidor a correr, Uti de espada del lillero y Fillo, Juanan y el padre de Floren de pomponeros.

Estuvimos hábiles a la hora de coger sitio en la salida, justo debajo del arco, a la sombra, y tras guardar un minuto de silencio en memoria del accidente de los niños extremeños y del saltador Yago Lamela, comenzamos la prueba, muy seguros de nosotros mismos.

He de confesar que yo estaba muy preocupado por conseguir llevar el ritmo adecuado, además de que no sabía si iba a llegar bien de fuerzas hasta el final, después del exigente maratón; pero ya al paso por el primer kilómetro las dudas comenzaron a disiparse, cuando veo que, a pesar de la típica desbandada, pasamos en 3'56".  Hasta aquí nos ha adelantado mucha gente, es normal, lo de siempre, estamos frescos y nos vamos a comer el mundo, pero en realidad, la distancia y sobre todo el calor, nos pondrá a cada uno en el lugar de la clasificación que nos corresponde.
Decido afrlojar un poco, pero no demasiado, para intentar compensar el segundo kilómetro con el primero. A pesar de ir más despacio, ahora somos nosotros los que estamos adelantando al personal. El dos cae en 8'01", perfecto, les canto a mis galgos .
Antes del kilómetro 3 la sensación de sequedad en la boca es notoria. Me pregunto cuantos avituallamientos tendremos hoy...
Manzanares se vuelca con su carrera y el calor no impide que bastante público se agolpe en sus calles. Da gusto correr en sitios así, no te falta animación en la mayor parte del recorrido y eso hace más llevadera la prueba. Es un circuito absolutamente llano, con pocos giros, lo que la hace muy rápida, pero hoy no...
A pesar de haber calles estrechas, no nos cuesta demasiado adelantar corredores, no se ven grupos numerosos, solamente sofocados corredores que van cayendo poco a poco, cuyas miradas nos dicen "estos locos van demasiado deprisa, con el calor que hace, y yo no puedo más".
Van cayendo los kilómetros al ritmo previsto, 4 minutos clavados. Pero sobre el cuarto mil Casero comienza a quedarse un par de metros detrás. Prefiero no decirle nada, sé que si no sigue pegado es porque le es imposible y si intento forzarlo será peor. Pasamos el 5 en 20 minutos, justo lo pactado.
No veo el avituallamiento, está unos metros por delante, tras dos giros de 90 grados. Ambos cogemos una botella, nos va a hacer mucha falta. Doy sorbos pequeños, me echo un poco sobre la cabeza y aguanto el resto. Floren acaba rápido con la suya y tras unos metros le ofrezco la mía.

Llegamos al kilómetro 6, 24 minutos clavados. Le canto el tiempo a mi compañero y me contesta: "vale, pero no aprietes". Le digo que no se preocupe, que no pienso hacerlo, visto que Casero ha quedado algo atrás, lo más sensato será mantenernos y empujar solo al final, si las piernas responden.
Kilómetro 7, seguimos con el tiempo establecido. Muscularmente me encuentro muy bien, pero no tengo saliva en la boca, la lengua se me pega al paladar y la sensación es horrible. En esas condiciones y con el asfixiante calor se hace muy difícil correr. Floren comienza a jadear, y no de gusto precisamente. Hay veces que se me queda algo detrás, pero cuando le animo para que no decaiga, me sigue con convicción.
Llegamos al 8 y el cronómetro sigue de nuestra parte, pero el resto de condiciones no. Trato de jugar una baza psicológica, gritando "¡venga, dos kilómetros con un par de huevos!", pero aquí no manda la mente, si no las piernas, el calor, el asfalto; se va acabando la gasolina y para esto no hay remedio, solo hay dos opciones para terminar, aflojar y llegar trotando o tratar de darlo todo sufriendo lo indecible.
Ni que decir tiene que Floren es un luchador nato y se decanta por lo segundo.

Le propongo pasar el nueve a ritmo de 4'10" para intentar recuperar fuerzas y hacer un último kilómetro a tope; no dejo de decirle que puede conseguirlo, pero empieza a cabezear, con un jadeo constante, y lo único que sale de su boca es un "no puedo, no puedo". Por más que busco, no encuentro el cartelito del 9. Pero ya no me preocupa mucho, viendo que hemos bajado el ritmo y que mi compañero anda jodido, me centro en no dejar que se me quede muy atrás, para al menos, hacer un crono decente.
El garmin me ha ido pitando descompensado, después de pasar las marcas de la organización, y cuando me chiva que solo queda un kilómetro se lo traslado a Floren: venga, dos vueltas al parque nada más.
Esto parece haberle dado vida, levanta la cabeza, me da alcance, se pone a mi lado, incluso hay veces que me adelanta (no, si ahora me va a dejar aquí tirado, pienso yo). Da un buen arreón y aguanta así unos metros, mas no dura mucho el achuchón hasta que de nuevo, afloja el paso; nos queda una larga calle y luego girar a la derecha para ver el arco de meta. En el último giro están Fillo y Juanan animando. Echo un vistazo al crono, 39'35". Quedan unos 250 metros y eso no seremos capaces de hacerlos en 25 segundos...
Al límite de sus fuerzas y con gesto de resignación, cruza la meta, no ha podido ser 40'40".


Ha sido durísima, el calor ha hecho estragos. Después de pasar el primer kilómetro no nos ha adelantado ni un corredor. Hemos de estar muy orgullosos de la marca que hemos conseguido, creo que con buena temperatura habríamos logrado facilmente 39'30", podemos ir a casa con la cabeza bien alta.
Justo detrás de nosotros entra Jose Luis, en 41'45", haciendo su mejor marca personal. Uti le ha llevado de lujo (este entrenador nuestro vale su peso en oro).
Y tras él, Casero, en 42'20". Luego nos dijo que desde el kilómetro 4 iba con dolores en el muslo, una pequeña lesión que le trae de cabeza.
Poco después, Alfonso e Ismael terminan también con unos tiempos de lujo.
Como puede verse en las CLASIFICACIONES dejamos el pabellón bien alto.



miércoles, 30 de abril de 2014

Maratón de Madrid. 27 de abril de 2014.



Nueva expedición del Club de Atletismo las Lagunas. Esta vez a la “madre” de todas las carreras, al maratón, al de Madrid.
Es uno de los objetivos más importantes para algunos de nosotros, bien porque será el único maratón que corramos en el año, bien porque debutamos en la distancia, o bien porque será una prueba de fuego para conseguir la mejor marca personal que poseemos hasta el momento.
Me encuentro en el último caso. Si, lo sé, Madrid no es precisamente el mejor sitio, es más, quizá sea uno de los peores para batir marca, pero es lo que hay, está cerca, vamos un gran grupo y allí tenemos a Jesús y Sonia, que nos llevarán de la mano a todas partes y no tendremos que preocuparnos por absolutamente nada. Como ya bien saben ellos, os estamos profundamente agradecidos. Del mismo modo quiero agradecer, antes de que me ponga a relatar la carrera, al grupo de animadores y animadoras que, pacientemente, nos esperaban y gritaban a nuestro paso por las repletas calles de la capital.
Esta edición me ha llevado al límite. La dureza del final, combinada a la acumulación de kilómetros en las piernas, hace que entienda perfectamente las razones por las que mi hermano no pudo acabar. Fue una decisión acertada, no debes lamentarte, diste prioridad a la salud. Y punto. Piensa en correr Sevilla …
Al lío.
Salida caótica. No sé cómo no perdí a Fillo ya desde antes de empezar. El prioritario cajón número 1, al que facilitaba acceso nuestro dorsal, estaba abarrotado. Entramos a la fuerza, por los empujones de la masa. Otros saltaban la valla, algunos se colaban por debajo, un caos.
Ni nos enteramos del pistoletazo de salida.
El garmin se me puso en modo ahorro y pasaron unos 15 segundos desde que rebasamos la línea de salida hasta que pude ponerlo en marcha. Mal empiezo, ya no voy a llevar el escrupuloso control del tiempo y la distancia que quisiera; pero no quiero ver lo negativo, solo concentrarme en lo que me ha llevado hasta allí.
Como en la mayoría de las carreras multitudinarias, me veo obligado a adelantar a cientos de corredores que se han colocado inapropiadamente por delante. No es buena idea salir desde muy delante si vas a ir despacio, eso te puede ocasionar algún que otro empujón, en el mejor de los casos. Así, el primer mil sale lento. Pero no hay problema, nos quedan otros 41 para desquitarnos; y es ahora cuando mi compañero se empeña en empezar, desde el segundo, 4’05”.
Los primeros kilómetros de la prueba son cuesta arriba, pero he llegado bien descansado, estoy en mejor forma que nunca y, sinceramente, a pesar de ir tan rápido (más de lo que había previsto), me encuentro muy cómodo. Y tanto, el segundo cae en 4’07”. Le advierto a Fillo que esto podemos pagarlo luego, que no debemos acelerarnos tanto, pero me ignora, 4’12”. Al segundo aviso me dice que llevamos muy cerca el globo de las tres horas, que le demos caza y que luego nos relajamos. Es buena idea, pero creo que deberíamos tirar cuando el perfil de la carrera sea favorable, no ahora; pero claro, sigo muy entero, no me cuesta en absoluto mantener esa marcha y sigo pegado a él todo el tiempo. Tan solo una pequeña molestia en el talón de Aquiles de la pierna izquierda hace que desvíe mi concentración y me ponga sobre aviso.
4’09” para el siguiente, pasamos el 5000 en 21:12 (21:58 oficiales), buen tiempo, a pesar del retraso de la salida. Ya casi estamos con los globos, un último acelerón y son nuestros, 3’59” … ya los tenemos. Ahora a disfrutar de Madrid.
Ja! Empieza la bajada, y con ella el mil más rápido de la carrera, 3’53”. Algunos corredores increpan a las liebres, tratamos de poner paz, “dejadles, saben bien lo que hacen”. Su misión es llegar por debajo de las 3 horas del tiempo oficial y llevan algo de retraso para el paso por el diezmil, que alcanzamos en 41:22 (42:08 oficiales). El Aquiles no deja de dar la lata, puedo correr, pero no tan a gusto como quisiera.
El grupo que formamos es relativamente grande. A pesar de ir muy en cabeza de la prueba formamos un buen pelotón y vamos adelantando gente continuamente. Esto hace que en los avituallamientos no sea tarea fácil coger agua. Menos mal que coordinamos perfectamente y si uno de los dos no puede, el otro si, solo de esa manera, conseguimos hidratarnos sin perder ritmo.

En una parte de bajada Fillo tiene que parar a orinar. Es una decisión acertada, ya que le resultará fácil alcanzarnos de nuevo y todavía no estamos en absoluto cansados. Yo me lo pienso, pero como no tengo ganas, prefiero continuar a perder unos valiosos segundos forzando hasta conseguir “echar un chorrete”. Pasamos el km 15 en 1:02:16 (1:03:02) y yo no dejo de pensar en que llevamos un “colchón” de tiempo muy generoso y que si no pasa nada raro, nos vamos a salir en este maratón. Ahora llegan dos kilómetros de subida y las liebres nos llevan a 4’19” ambos. Voy de lujo, ni gota de cansancio. Pero las primeras dudas hacen acto de presencia. Si no se me pasa el dolor de la pierna izquierda esto puede acabar mal, muy mal. Decido tomar un ibuprofeno antes de llevar hora y media corriendo, espero que haga efecto.
En el kilómetro 18 nos encontramos con Floren y Casero, dos espadas de lujo que hoy acompañarán a los debutantes, Manuel, Juanan, Coco y Raúl. También van con ellos Uti y mi hermano, Antonio.
Pasamos por Sol. ¡Que espectáculo! Está abarrotado, un griterío ensordecedor, el público madrileño te hace volar (¡y tanto, en un vistazo rápido al garmin veo que el ritmo es de 3’50”!)
Llegamos a la media maratón, 1:27:40 (1:28:26). Si hace dos años me dicen que voy a pasar una media en ese tiempo “tocándome las narices” me hubiese descojonado a reír, pero hoy en día es lo que hay y no me disgusta en absoluto.
En casa estuve estudiando el perfil de la carrera. Me centré en un par de detalles: la salida de la Casa de Campo y los 7 kilómetros que van del 33 al 40. Son subidas, lo que menos desea encontrar un corredor cansado. Pero yo no soy ese corredor. Al contrario, perfectamente arropado por un buen grupo, acompañado por Fillo, sé que no habrá cuesta que se me resista… siempre y cuando las liebres sean bondadosas y aflojen un poco, todo hay que decirlo.
El primer punto cae sin complicaciones, hemos subido de lujo, pero las piernas ya empiezan a dar signos de fatiga. Estaba claro, esto tenía que pasar. Ahora la mente tiene que jugar su baza. Una vez pasado el kilómetro 30 (2:05:15 – 2:06:01), hay que descontar en lugar de ir sumando, es decir, no voy a por el 31, si no que me quedan 12. Es un pequeño truco que, de veras, funciona. El Aquiles me está tocando las narices. Vamos en un tiempo genial, pero casi casi cojeando, una de cal y otra de arena.
Aprovechando un tramo favorable tomo un comprimido de electrolitos. También un gel con el que me hice en la Casa de Campo. Este año no he tomado ninguno y espero que no me haga daño, pero creo que me hará más bien que mal.
Ahora los kilómetros se me hacen más largos, ya no me lo estoy pasando tan bien como al principio, cuando me empapaba de los fabulosos edificios que adornan la capital de España, del agradable olor a primavera en la Casa de Campo, cuando podía sonreír al público que nos daba ánimos con todas sus fuerzas, ahora mi cara empieza a ser de “circunstancias” y me centro en procurar que no se note cuando nos vean nuestras pomponeras.
Kilómetro 33, empieza lo peor. Estoy bien mentalizado, sé a lo que voy a enfrentarme, sólo espero que las fuerzas no me fallen; y así aguanto bien hasta el kilómetro 35 (2:26:45 – 2:27:31). Las liebres se frenan en seco. Dicen que de aquí al final, yendo a 4’30” salen las tres horas justas. Pero ni Fillo ni yo bajamos el pistón. Él se adelanta unos metros y ya no seré capaz de alcanzarlo. Hasta el 36 voy muy cerca, pero justo delante de mí hay un tío enorme, con un mazo de tamaño importante. Antes de poder darme cuenta recibo un tremendo golpe en toda mi alma que me deja absolutamente K.O. La idea del abandono me parece la mejor, o más bien, la única opción. ¿Cómo ha podido suceder? No es posible. No dejo de intentar averiguar cómo puede ser que en tan solo un instante haya pasado de la gloria a la derrota.
Desde este momento, todo se ralentiza. Nunca llegan los carteles de los kilómetros, el cronómetro no avanza, la respiración, hasta ahora controlada, pasa a ser jadeo, sofoco; ya no vuelo a 4 minutos, me arrastro.

Pero yo no he llegado aquí para rendirme después de recibir el primer golpe. Se lo debo a mis compañeros, se lo debo a nuestras pomponeras, se lo debo a mi familia, a las horas que les he restado por ir a entrenar, me lo debo a mi mismo. Decido continuar, cueste lo que cueste.
Con el ánimo renovado llego al km 38. Segundo golpe. Ahora, además de ir sin fuerzas, empiezan a darme calambres. Primero son los dedos de los pies, se me suben unos encima de otros. Para intentar recolocarlos, corro de puntillas, consiguiendo que vuelvan a su sitio y que sean ahora los gemelos los que se acalambren. Tengo que ponerme a talonar para que se me pase, y lo consigo rápidamente, pero el resultado es que los calambres ahora se me van a los cuádriceps y a los isquios … ¡joder, parece que voy bailando el “chu-chu-ua”!
Lo bueno de todo esto es que ya no me acuerdo del Aquiles, ya ves, la mancha de la mora, con otra verde se quita.
Sobre el kilómetro 39 me vuelven a dar caza las liebres de las 3 horas. En un esfuerzo Hercúleo me pego a ellos. No voy a dejar que se me escapen, aunque, a decir verdad, no tengo ni idea de como hacerlo.
Kilómetro 40, se acaba la subida, aunque en realidad, todavía quedan unos 200 eternos metros. Justo al coronar la parte más alta, las liebres nos dicen que si nos queda un cambio es momento de hacerlo … solo vamos dos cadáveres con ellos, y el otro se descojona al oírlos … y yo, jajaja, casi me pongo a llorar.
Entro al Retiro, me pego al lado izquierdo, que es donde nos esperan Ali y compañía, hay mucha gente, todos gritan, temo que no voy a verlas, pero poco antes de los arcos finales las localizo, trato de sonreír y choco sus manos.

 El reloj oficial marca 2:59 y pico, me queda un buen tramo y no sé si seré capaz de cruzar antes de ver el “3”. Último sprint, más calambres, mi cara es un poema, no sé si voy corriendo o haciendo un bailecito tipo Michael Jackson, 56, 57, 58, 59 … paso por meta, lo conseguí, soy maratoniano de menos de tres horas.
Fillo me espera bajo el reloj, nos fundimos en un abrazo, que buenos somos, leche!!
El resto de la jornada transcurre tal y como habíamos planeado, comida y pitorreo, únicamente empañado por el sabor agrio del abandono de mi hermano. Los demás laguneros han finalizado exitosamente el maratón y podrán lucir con orgullo sus medallas.






He de hacer una mención especial a Sara, la hija de nuestro Peter, que corrió el diezmil previo al maratón en unos estupendos 47 minutos. Enhorabuena campeona.

lunes, 31 de marzo de 2014

VIII Media Maratón Ciudad de Segovia, 2014.

Por fin acudimos a una de las carreras más atrayentes del calendario nacional. Ya hacía tiempo que pensaba participar en esta media maratón, ya que nuestro compañero Ignacio no dejaba de hablarnos de ella; aunque, para hacer honor a la verdad, he de decir que el completo plan turístico que nos ofrecía era tan irresistible que ya no podíamos dejarlo pasar ni un año más. La mayoría de laguneros salió para allá el sábado, comieron, rieron, bailaron, se divirtieron, pernoctaron y el domingo nos recibieron al resto de valientes.
Servidor madrugó, además de lo apropiado, una hora más, para ajustar bien los meridianos ...
No quiero empezar poniendo excusas...
La prueba entra dentro del plan para el Maratón de Madrid. El objetivo era hacer una buena carrera, con la gran duda de la marca que podríamos lograr, ya que la particular dureza del recorrido nos pondría a prueba y sacaría a relucir los frutos del plan del mejor entrenador del mundo: Uti.
Yo iba sobradito, de gallito. Después de estudiar ligeramente el perfil concluyo en pasar el km 10 en 39 minutos aproximadamente y luego acabar tranquilamente ... JA!
Es la primera vez que llego a la línea de salida sin nervios, sin ninguna presión en absoluto, pensando que lo tengo todo bajo control. Al ver que hay globo de 1:25, más todavía, no necesito ni pensar, me pego al guía y los últimos kilómetros lo doy todo, sencillo ¿verdad?.
Pues no.
Me coloco bastante delante, creo que lo voy a tener fácil. Tremendo cañonazo para dar la salida, menudo susto!! y pedazo de sprint de los globeros. Se me van unos 150 metros, pero no sufro, tengo muchos kilómetros para darles caza. Se empieza en bajada y como siempre, a pesar de haberme colocado estupendamente, tengo que adelantar a cientos de corredores con un objetivo menos ambicioso que el mío. Es una locura, si te exiges desde los primeros metros lo acabarás pagando, pienso entre mi. Pero mi lado chulo dice, que va, estás como un toro, corre y da caza ya al globo.
En los últimos entrenamientos bromeábamos cuando decía que cuesta abajo a 3'50" voy cómodo, pero en Segovia cuesta abajo iba por debajo de 3'40" ... y no alcanzaba al globo... evidentemente, no iba nada cómodo. Más de dos kilómetros de persecución, "fuera de punto" me costó pillarlos. En el grupo va Fillo, muy seguro de si mismo. El globero le ha explicado la táctica que va a seguir y se pega a él como una lapa.
Vamos pasando los kilómetros bastante rápidos, no da tiempo a tomar aliento, excepto cuando llaneamos al lado del río, pero la estrechez de los paseos por donde pasa la carrera hace que los acelerones y frenazos sean constantes. Hay asfalto, hay tierra, hay adoquín y lo peor de todo, hay arena blanda, muy blanda. Antes de llegar al noveno kilómetro veo que me cuesta seguir al grupo, pero confiado en mi preparación, no me despego, esforzándome un poco más de la cuenta.
Llegamos al kilómetro 10, el reloj de la organización marca 39'07", sonrío y me digo, bien, como había planeado.
Pero entonces llega algo inesperado, algo con lo que nunca habría soñado, la pájara. El asfalto comienza a empinarse. A la vista me parece poca la inclinación, pero el grupo se aleja y yo nada puedo hacer para seguirlos. Voy perdiendo fuelle hasta tal punto que me dan ganas de ponerme a andar e incluso pararme. En pocos segundos pierdo de vista a Fillo y al resto. Uno o dos corredores me adelantan y empiezo a experimentar en mi cuerpo el kilómetro más cruel que jamás he corrido. No puedo respirar, no soy dueño de mis fuerzas, el sudor me alcanza los ojos y empiezan a escocerme. Por suerte no se me nubla la vista ni me siento mareado, pero llevo el motor completamente gripado y me voy apagando poco a poco ...
A partir de este momento solo recuerdo algunos detalles.

El primero es que llego al 11, cruzo el acueducto con muchísimo público gritando y animando. Reconozco a algún lagunero y les hago un gesto con el dedo en señal de que voy fundido. La idea de abandonar se está adueñando de mi a pasos agigantados, pero no veo un hueco por el que colarme, ni una ambulancia a la que subirme, solo gente gritando. Atanasio aparece de la nada y me da un buen achuchón con su: ARRIBA ARRIBA!!

... no puedo fallarles, pienso que en algún momento acabaremos de subir y en la bajada podré recuperarme algo. A unas malas, me pongo a trotar y espero al grupo de Floren, y acabo junto a él, Casero, Pedro y Juanan ... si soy capaz, claro.
Por si fuera poco mi calvario, el circuito se endurece con el adoquín. Definitivamente, las zapatillas no valen para nada en este firme, se me tuercen los tobillos decenas de veces; si, decenas, no estoy exagerando, de hecho, no se ni como no me lesioné seriamente. Ahora llueve, encima me resbalo en cada curva, en cada bajada.
Paso nuevamente por el acueducto. Se que nuestas acompañantes están ahí, gritando, animando, pero no puedo alzar la cabeza para buscarlas y ofrecer, al menos, una sonrisa. Voy demasiado preocupado de ver por donde piso. Voy angustiado. De nuevo aparece Atanasio. A él le recuerdo perfectamente, ya que invadía la calzada para animar y transmitir su fuerza. Tengo que seguir, me repito una y otra vez.

Recuerdo una avenida muy larga, cuesta arriba, voy muy despacio, casi a 5' el mil. Cuando se acaba soy capaz de tomar algo de aire, intentar centrarme en lo que estoy haciendo y poner de nuevo a prueba mi cuerpo. Tengo que saber si soy o no capaz de seguir corriendo con ganas. En pocos segundos me pongo a tirar con fuerza. Me duelen los cuádriceps en las bajadas, pero puedo soportarlo. Bajo el ritmo controladamente en las subidas, pero las culmino con fuerzas, giro, freno, acelero, adelanto corredores, otros me adelantan a mi, pero ahora he vuelto, se lo que estoy haciendo, he despertado de una pesadilla que me ha llevado deambulando varios kilómetros.
Al paso por el kilómetro 17 miro el cronómetro y trato de hacer cálculos mentales sobre mi tiempo en meta. Un poco más atrás lo he intentado, pero la lluvia sobre el garmin me impide ver con claridad los dígitos. Mi primer cálculo me lleva a 1:27, uf, que mal! sigo con fuerza, esto no puede ser.
Pasamos por una plaza y los corredores que llevo delante se paran, giran, buscan la salida, yo paro detrás de ellos hasta que alguien nos indica: por aquí!! lo que faltaba, otro frenazo y otro acelerón. Hay muchas calles en las que no hay nadie de la organización y cuesta seguir las flechas del pavimento.

La carrera se está acabando y curiosamente, después de lo que he sufrido, pienso que se me va a quedar corta. Mis últimas cuentas me ponen en menos de 1:26; en el km 20 veo que voy a estar muy cerca de 1:25 y acelerando fuerte, pero sin darlo todo (prudentemente), cruzo el arco de meta (Acueducto) en 1:24:45.
El resto de la crónica sería como el resto de carreras, trote, estiramientos, ducha... si no fuera por un pequeño detalle: formo parte del mejor club de atletismo del mundo mundial, todos los componentes y acompañantes tienen un valor personal por muy por encima de la media y lo mejor que podemos hacer es juntarnos todos para celebrar que somos un grupo unido, lleno de buena gente que corre y se divierte a la par. La comida organizada por nuestro particular Cicerone (Ignacio) en el restaurante Duque, un lujo y compartirla con los laguneros no tiene precio. Gracias a todos por estar ahí, por ser como sois, no cambiéis nunca.
CLASIFICACIONES.